Desde que tomó un bate por primera vez en sus manos y hasta que decidió escapar a Estados Unidos a los 18 años, Brayan Peña nunca vio pasar por la zona de strike un cambio de velocidad.
Por eso al receptor de los Reales de Kansas City no le extrañan las dificultades que ha encontrado su compatriota Yoennis Céspedes --quien recientemente firmó un pacto de $36 millones con Oakland-- con los lanzamientos que rompen su espiral de avance justo antes de morder los límites de la caja de bateo durante su breve paso por el béisbol invernal de República Dominicana.
En Cuba no se enseñaba a conectarle a las bolas de rompimiento, porque nadie las lanzaba, al menos hasta la categoría juvenil, expresó Peña, quien recientemente firmó un pacto de $870,000 con los Reales. De la Serie Nacional no puedo hablar mucho, porque no la jugué, pero no creo que se use mucho. Cualquier pitcher que venga de Cuba lanza recta, curva y un tenedor y nada más.
El caso tipifica, como ninguno otro, el dilema que rodea a los jugadores de la isla, los cuales poseen un físico y unas condiciones impresionantes, pero muchas veces carecen de ciertos fundamentos técnicos importantes para sobrevivir y triunfar en el béisbol más exigente del mundo.
Céspedes terminó su fugaz caminata profesional con promedio de .143, un jonrón, 10 ponches y cero bases por bolas. Esta última estadística revela un elemento común en la mayoría de los peloteros antillanos que sueñan con llegar a las Mayores: la poca disciplina en el plato.
Allá se juega muy agresivo y te dicen que le sueltes el bate a todo lo que se parezca, agregó Peña. Es como si esperar cuatro bolas fuera algo que te disminuye. Aquí la filosofía es otra y le cuesta al cubano romper esa mentalidad. La otra cara de la moneda es que el pelotero cubano siempre trata de poner la bola en juego. Esa agresividad hay que encauzarla por buenos caminos. Pero sin duda es un reto como el del idioma, el no ver a la familia
Junto con la cantidad de jugadores que ha abandonado el país y la entrada cada vez mayor de profesionales en los torneos que antes acaparaban los amateurs, estas carencias técnicas ayudan a entender el bajo momento que vive el béisbol cubano, que desde el 2008 no gana un evento de importancia en el ámbito internacional.
El último y más sonado fracaso se produjo en los pasados Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, donde la selección principal ni siquiera pudo discutir la final y debió conformarse con una medalla de bronce en un torneo plagado de equipos mediocres, repletos de jugadores considerados descartes en sus propias naciones.
Para varios veteranos consultados por El Nuevo Herald, el problema de la enseñanza técnica amenaza con empeorar más una situación difícil, que comenzó con el retiro, la fuga y la desaparición física de viejos maestros que venían de la pelota profesional como Juan Ealo, Natilla Jiménez, etc
Los actuales coaches de pitcheo, quiénes son, ex lanzadores de mi generación, que muy pocas veces, para no decir que nunca, lanzaron cambios y algunos de los tipos de rompimiento que se utilizan en las Mayores, expresó Orlando El Duque Hernández, ex estrella de los Industriales y dueño de una ilustre carrera en Grandes Ligas. Uno no puede enseñar, al menos en el béisbol, lo que no sabe. Y los bateadores no pueden conectarle a lo que no han visto. Yo tenía que ser mañoso, porque hay que recordar que en mi época se bateaba con el aluminio, pero cuando llegué a esta pelota, tuve que estudiar más, adaptarme, hasta que me impuse. En Cuba jamás tiré un cambio. Eso lo aprendí aquí en las Menores. Eso lleva esfuerzo.



























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