Casi 750 activistas cubanos firmaron una carta al Papa Benedicto XVI advirtiéndole que su planeada visita a Cuba enviará un mensaje a los represores de que pueden seguir abusando contra los opositores católicos, informaron el jueves disidentes desde la isla.
Estaríamos muy gustosos de recibirlo en nuestra patria, si el mensaje de fe, amor y esperanza que nos pueda traer sirviera también para detener la represión por la que están pasando los que quieren asistir a la iglesia, decía la carta.
La misiva no urgía directamente al Sumo Pontífice a cancelar su visita a La Habana y Santiago de Cuba planeada del 26 al 28 de marzo, pero añadió: ¡Que la Divina Trinidad ilumine su mente para que le permita tomar una correcta determinación!
La carta fue la más reciente expresión por parte esos disidentes cubanos a quienes les preocupa que la visita del Papa sólo sirva para legitimizar al gobierno de Raúl Castro y hará poco o nada para mejorar la situación de los derechos humanos.
Una columna de la popular bloguera Yoani Sánchez publicada el jueves en el periódico español El País señaló que, aunque los cubanos dieron una bienvenida entusiasta a la visita del Papa Juan Pablo II en 1998, en la actualidad la dosis de cinismo nacional conspira contra el entusiasmo.
La disidente Martha Beatriz Roque dijo que la idea de la carta surgió hace varias semanas entre activistas, algunos de ellos católicos, de varios grupos que comparten información con regularidad sobre asuntos de la isla.
Esto no proviene de un grupo específico, sino de muchas personas que estamos en contacto, y luego cada grupo fue a las provincias por las firmas, dijo Roque a El Nuevo Herald por teléfono desde su casa en La Habana.
Roque envió la carta por correo electrónico a sus contactos en el extranjero, junto con la lista de 749 nombres de personas que la firmaron y sus respectivos números de carnet de identidad cubanos.
Entre los firmantes estaban algunos de los disidentes más conocidos, como es el caso de Roque, Guillermo Fariñas, Sara Martha Fonseca, Vladimiro Roca, Jorge Luis Antúnez García Pérez y su esposa Iris Tamara Pérez Aguilar.
Otros disidentes han acogido cautelosamente la visita papal como un rayo de esperanza para el pueblo cubano y la Iglesia Católica. Entre los que no firmaron la carta estuvieron los activistas católicos Oswaldo Payá y Dagoberto Valdés, la líder de las Damas de Blanco Bertha Soler y su esposo, el ex preso político Angel Moya, y el disidente Oscar Elías Biscet.
Roque dijo que ella lleva un mes pidiendo una entrevista con el enviado diplomático del Vaticano en La Habana, monseñor Bruno Musaro, para entregarle la carta, pero no ha recibido respuesta alguna.
La carta alegó que, como los abusos contra los católicos aumentaron después de que se anunciara la visita, la presencia del Papa en Cuba sería como enviar un mensaje a los represores, de que pueden seguir haciendo lo que quieran, que la Iglesia lo va a permitir.
En la misma se mencionan tres casos en los cuales turbas organizadas por el gobierno acosaron a disidentes que se habían reunido en iglesias, incluyendo uno ocurrido el 19 de febrero en que el arzobispo de Santiago de Cuba tuvo que intervenir para proteger a 14 integrantes de las Damas de Blanco que habían sido amenazadas en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad en El Cobre.
A todo ello habría que añadir que algunos fieles son visitados por la policía política, entre viernes y sábado de cada semana, para decirles que no los dejarán asistir a misa, y de hecho los detienen el domingo, añadió la carta.
Señaló además que el gobierno alega que los disidentes solamente van a la iglesia a provocar y a politiquería, y agregó que algunas personas [ ] no oficiales han repetido esa afirmación. Que el Señor no se los tenga en cuenta, agregó.
La carta no identificó a los no oficiales pero los disidentes se han quejado anteriormente de que algunos dignatarios de la Iglesia les han advertido que no pueden usar los templos como refugio.





























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