DORA AMADOR: A los obispos cubanos

 

Mi gratitud a Mons. Dionisio García, arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba por su gesto inédito de presentarse en el Santuario del Cobre con dos vehículos para salvar de una golpiza a 14 Damas de Blanco que habían buscado refugio en la basílica ante las amenazas de la policía que las estaban esperando afuera para darles “una paliza”. Las mujeres se declararon en huelga de hambre sentadas en los escalones del santuario como única y desesperada opción, ante aquella amenaza que les llegó al salir de misa. Treinta de ellas habían sido detenidas en el fin de semana, y el lunes tres más.

Karina Quintana Hernández le informó a Radio Martí el 1 de marzo que fue citada por el agente Fernando Tamayo para informarle que no permitirán a las Damas de Blanco asistir a la misa del papa Benedicto XVI en Santiago de Cuba. “Si intentamos hacerlo, me dijo que nos van a meter presas”, dijo Karina. La presión contra la familia de esta pobre mujer es brutal: ha sido golpeada repetidas veces por la policía, su casa ha sido atacada por las Brigadas de Respuesta Rápida; llorando le expresó al periodista José Luis Ramos su preocupación por sus hijos cuando van a la escuela, donde sufren acoso y maltratos. El agente le propuso que todo eso terminaría si desistía de pertenecer a las Damas de Blanco y de ir a misa. A lo que ella se negó.

La campaña intimidatoria, los ultrajes, las golpeaduras y detenciones a las Damas de Blanco se eleva a niveles muy alarmantes, porque corren peligro sus vidas: como el ciego dando trastazos, ahora el régimen les propuso que vayan a la iglesia de 10 en 10, esto porque en varias iglesias superan las 40 y 50 todos los domingos. Lo que la dictadura de Raúl Castro no pudo prever es que aquel grupo de mujeres que iban a la iglesia Santa Rita, en La Habana, para pedir por sus familiares presos a raíz de la Primavera Negra de 2003, y después marchar por la Quinta Avenida, lo que no pudo prever después de la muerte –o asesinato– de su líder, Laura Pollán, es que las Damas de Blanco se multiplicarían y estarían presentes domingo tras domingo en las iglesias de casi todas las provincias cubanas.

Le pido a los obispos cubanos –ya que cada uno manda en su diócesis–, pero muy especialmente a Mons. Dionisio García y al cardenal Jaime Ortega, que intercedan ante Raúl Castro para que a las Damas de Blanco se les permita asistir a las misas que celebrará el Santo Padre en Cuba. El pueblo cubano tiene el derecho de estar presente en esas históricas plazas en la que ya serán dos pontífices los que hablan. Y sus palabras, salidas de las Sagradas Escrituras, serán Palabra de Dios. Lo que me trae al corazón un pasaje de Isaías que se aplica a Cuba:

“Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé. (Isaías 55,10-11)

Queridos obispos, el laicado cubano opositor, la mayoría católica y protestante, está llevando a cabo su misión evangélica, no la obstruyan, que eso es pecado grave social y estructural. Relean las conferencias magistrales que fue a dictar en Cuba Mons. Dominique Mamberti en junio de 2010.

El Secretario para las Relaciones con los Estados (ministro de Relaciones Exteriores) de la Santa Sede, obispo Dominique Mamberti, hizo hincapié en el compromiso social que tienen los laicos católicos cubanos, lo importante que es su intervención en el acontecer político, social, económico de la nación: porque esa es su misión como laicos, y así lo dijo, insertados en el mundo, cambiarlo en busca de justicia, democracia, paz. Con estas palabras dejó claro que la jerarquía católica no puede impedir ese actuar de los laicos, todo lo contrario, debe animarlos, instruirlos espiritualmente en la Doctrina Social de la Iglesia.

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