Un reporte sobre negocios cubanos indicó que EMIAT importa materiales y comercializa las producciones de compañías estatales, incluyendo Provari. EMIAT y Provari Empresa Productos Varios comparten la misma dirección en la Habana en algunos de los reportes.
A la pregunta de si la compañía usaba a prisioneros como trabajadores, un hombre que respondió la semana pasada el teléfono en la oficina de Provari en La Habana, respondió: Sí, el trabajo es de reclusos. También confirmó que la firma es propiedad del MININT, que está a cargo de las prisiones, pero declinó hacer más comentarios.
Un reporte de una estación de radio estatal cubana el verano pasado dijo que Provari se estableció hace 20 años, principalmente con el objetivo de brindar trabajo a las fuerzas reclusas del territorio e integrarlos a labores útiles para la sociedad.
Muchos presos trabajan por la oportunidad de aire fresco y quizás mejor alimento, y para evitar que apareciera en sus expedientes la nota se negó a trabajar, que podría hundir sus esperanzas para una liberación temprana, comentó Luis Enrique Ferrer, un disidente que estuvo casi ocho años en prisión.
Las autoridades permiten trabajar sólo a los presos comunes porque temen que los prisioneros políticos divulguen las condiciones de trabajo, agregó. Ferrer, quien no trabajó en prisión, fue liberado en el 2010 y vive actualmente en Miami.
Pero disidentes y periodistas independientes en contacto con prisioneros han publicado varios informes durante años en los que reportan varios problemas en los talleres de Provari en las prisiones.
El periodista Jorge Alberto Liriano Linares informó en el 2010 que 16 internos sufrieron accidentes graves en una fábrica de Provari donde se producen materiales para la construcción en la prisión Kilo 8, en la provincia de Camagüey, donde él cumplió parte de su sentencia de 13 años.
Los reclusos en esta fábrica asesina son obligados a trabajar sin salarios, ropas, zapatos o guantes, escribió para el servicio de noticias Hablemos Press. Trabajan 10 horas al día y trabajan con sustancias químicas tóxicas, por lo que muchos padecen de enfermedades respiratorias y de la piel.
El Grupo Internacional para Responsabilidad Social Corporativa en Cuba informó en el 2010 que una fábrica en la Prisión 1580 cerca de La Habana obligaba a los reclusos a trabajar hasta 12 horas al día para hacer bloques de construcción, y raras veces pagaba los prometidos $10 mensuales.
Su informe anual del 2009 incluyó quejas de que a los internos en la cárcel Nieves Morejón, en Sancti Spíritus, se les pagó sólo $2 por mes, y que a los presos en Boniato, en el este de Cuba, se les pagó $1 al mes y que un bono prometido nunca se pagó.
El disidente Félix Reyes informó el año pasado que los prisioneros en la cárcel Canaleta, en Ciego de Avila, se habían quejado de que los guantes que le compró la fábrica Provari estaban podridos y le faltaban los dedos.
La periodista independiente Dania Virgen García, quien ha escrito a menudo sobre las condiciones en las cárceles, declaró a El Nuevo Herald que conocía de presos que trabajaban hasta 16 horas al día, seis días a la semana, y no se les pagaba nada.






























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