Para la vecina de Miami Beach Mali Parkerson, prepararse para el fin de semana del Día de Recordación es un poco como prepararse para un huracán.
Tienes que evacuarte, o encerrarte en tu casa, dijo.
Aunque el distrito de entretenimiento de la Playa resonará lleno de música y se llenará de muchedumbres este fin de semana, muchos vecinos saldrán huyendo o se quedarán en casa. Algunos negocios pasarán dificultades, y otros ni siquiera se molestarán en abrir. Calles cerradas, tráfico congestionado y multitudes a veces pendencieras tienen la culpa del éxodo, afirman los vecinos.
El viernes por la tarde, Parkerson, de 34 años, cargó su Mini Cooper en el Fresh Market con provisiones para el fin de semana agua embotellada, frutas y vegetales, y dos botellas de vino y planeaba no salir a la calle.
A mí no me gusta la violencia que tiene lugar el fin de semana del Día de Recordación, explicó.
Susan Rodman sólo lleva viviendo un mes en Miami Beach, pero sus vecinos, muchos de los cuales se fueron de viaje, la previnieron acerca de este fin de semana. Beckman decidió quedarse, pero está planificando todo lo que hace.
Mañana tengo que ir a visitar a mi familia, así que el ajuste que estoy haciendo es llevarme a mi perro, dijo.
Cuando ella vaya a ver a su familia en Coral Springs, Oliver, su Jack Russell Terrier, se va con ella. Rodman no quiere que su perrito se quede solo en casa si ella se queda trabada en el tráfico.
Los negocios han estado flojos desde el jueves en West Avenue, donde por lo general los vecinos se pasean con sus perros y salen a cenar a los cafés al aire libre.
Había dos clientes sentados fuera de Olivers Bistro el viernes, bebiendo café y jugo de manzana. El propietario, Hagen Taudt, estaba sentado en el bar dentro del restaurante vacío, aprovechando la calma para pagar sus facturas atrasadas.
El bloqueo de los viaductos dificulta que los clientes lleguen al lugar, y muchos de mis clientes locales se fueron de viaje, dijo.
Aunque Ocean Drive tiene mucho movimiento el fin de semana del Día de Recordación, la registradora no suena necesariamente en todos los restaurantes y hoteles.
El jueves por la noche, cuando dos damas se pararon a mirar el menú al final de la cuadra, un dependiente del Carlyle Hotel corrió a su encuentro y trató de convencerlas de que se quedaran. El llegó a ofrecer una comida gratis a un posible cliente si se sentaba afuera. Cerca de allí, Spiga, un restaurante italiano en 12 Street y Collins Avenue, empezó a entrar las mesas a eso de las 11 p.m. del jueves. El dueño, Roberto Legrand, dijo que iba a estar cerrado durante el fin de semana.
Incluso negocios que no tienen nada que ver con las fiestas se ven afectados.
Mark Drobiarz es el propietario de ABC Bartending School en Miami Beach. Tras quedarse trabado en el tráfico el viernes por la tarde en camino a la escuela, llamó a sus empleados, quienes estaban esperando por sus cheques.
Les dije: Lo siento, no puedo llegar. No puedo hacer nada por pagarles hoy, dijo.
La escuela de coctelería, situada en 9 Street y Alton Road, sigue dando clases durante el fin de semana, si es que los estudiantes pueden llegar.
Esto nos interrumpe el día, y hace que los posibles estudiantes no quieran venir, dijo Drobiarz. Nunca hemos visto entrar por la puerta a un posible estudiante en el Día de Recordación. Jamás.
Playwright Irish Pub en 13 Street estaba en silencio el viernes durante happy hour, con siete personas en comparación con las 70 habituales.
Estamos perdiendo más dinero de lo que hacemos, dijo la gerente, Russo Metreveli.
Metreveli, quien ha visto los últimos seis fines de semana del Día de Recordación, dijo que siempre el negocio se pone muy flojo y que el problema es doble.
Los que vienen a las fiestas no quieren entrar aquí. Ellos no gastan dinero, porque están buscando los tragos más baratos.
El segundo problema: la taberna es un lugar popular entre los vecinos, quienes generalmente no vienen este fin de semana.
Todo el mundo se va de viaje, dijo. Yo lo haría si pudiera.
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