Doctor Rosenow, leo su columna con mucho interés y admiro su calidad humana, el buen manejo de nuestro idioma y su profundo conocimiento de las leyes de inmigración. Soy colombiana, residente permanente, la cual adquirí a través de mis padres quienes inmigraron por petición de una tía ciudadana americana que pidió a mi madre. Inmigré junto con ellos a mediados del año 2009, antes de mi mayoría de edad.
Actualmente estoy casada con un ciudadano guatemalteco que ingresó a EEUU por la frontera hace 5 años. Tenemos un niño de 9 meses, nacido aquí en la Florida. Un año atrás hice una petición I-130 a su nombre, pero tengo entendido que él no puede hacer se residente (ajuste de estatus) por haber entrado sin visa y no tener la 245(i).
La semana pasada, mientras mi esposo visitaba a unas amistades en Homestead, fue arrestado por Inmigración, cuando éstas llegaron allí buscando a otra persona. Le pidieron documentos de inmigración que obviamente él no pudo mostrar. Actualmente se encuentra detenido en un centro de inmigración en Broward esperando lo procesen.
Nuestros recursos son muy escasos y no podemos contratar a un abogado que lo represente. El oficial de deportación que está manejando su caso le ha dicho que él pudiera ser elegible a prosecutorial discretio n, pero no entendemos en qué consiste dicho beneficio y nos da temor que él firme ó acepte algo que sea en su contra. Mi esposo es un hombre bueno, excelente compañero y muy enamorado de nuestro bebé. El no tiene ningún tipo de antecedentes penales, ni aquí, ni en su país. La vida sin él en este país no tendría sentido para nosotros, pero si nos fuéramos para su país, yo perdería mi residencia y nuestro niño tendría que crecer en un país muy lindo, pero lejos de sus abuelos y sin la misma calidad de vida que este país nos ofrece.
Acudo a usted pidiéndole nos oriente. Atentamente,
Celina Ramírez
Homestead, Florida
Comienzo por expresarle mi simpatía por la calidad humana que usted generosamente me concede, pero que es patente en usted a través de su carta. Ya quisiera yo tener la varita mágica para despejar de su camino todas las asperezas que me relata, pero aunque no la tengo, sí puedo aportar un luz y de consejo para disipar su angustiosa incomodidad.
Del análisis de su carta desprendo tres beneficios potenciales para el caso de esposo; (1) libertad provisional mediante fianza (lo cual servirá para ganar tiempo); (2) salida voluntaria (muy necesaria, abajo le explico), y (3) beneficio de medidas especiales que han surgido recientemente del espíritu y la pluma más poderosa de la nación – el Presidente Barack Obama.
Empecemos por esto último, que es clave para su caso.
Es imposible dejar de reconocer que entre los 10 millones ó algo más de ilegales que se encuentran en EEUU, los hay “buenos”, “menos buenos” y una minoría de... “requetemalos”. A estos últimos, el gobierno los expulsará (los deportará) sin compasión ni miramiento alguno... porque no lo merecen. Los del medio enfrentan una lucha difícil, y no vamos a hablar de ellos hoy. Pero la otra categoría (los buenos) van a recibir –esa es la mente de Obama—un tratamiento orientado hacia la solución de su predicamento.
Lo primero que hizo Obama fue ordenar que los indocumentados que tuviera peticiones de cónyuges ciudadanos, no tuvieran que comparecer ante el consulado de EEUU en su país para que allí les iniciaran sus waivers (perdones) sino que podían gestionarlos acá mismo (en EEUU) para que pudieran regresar al país sin dejar a sus familias abandonadas por uno, dos, ó más años de trámites desde el exterior. (Esto ya está en vigencia.) Usted aún no es ciudadana, pero habrá que luchar para que lo dejen en suspenso a él mientras usted la adquiere.
Lo segundo –y muy fundamental-- es el concepto de discreción procesal ( prosecutorial discretio n), la cual habilita a los procesadores (fiscales) de Inmigración de abstenerse de iniciarles proceso de deportación si, como su esposo, no han cometido delitos.
Usted sola simplemente no está en condiciones, creo yo, de afrontar con éxito todas las diligencias para atender el caso de su esposo. Venga a verme a mí –y a mi esposa—para darle una mano... ó cuantas sean necesarias. No se aflija por honorarios. La esperamos... ¡y pronto!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
1 Herald Plaza, Miami, FL 33132




























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