Vasthi Vega, recuerda la última vez —era entonces una niña de cuatro años de edad— que vio a su madre antes de partir en un largo viaje hacia el Medio Oriente.
Corría el mes de mayo de 1972. Vasthi, la hija mayor de un joven matrimonio de puertorriqueños, fue a despedir, junto a su hermanita Damaris y sus abuelos, a sus padres que salían con un nutrido grupo de 68 peregrinos hacia Tierra Santa en lo que prometía ser un maravilloso viaje. La pequeñita sabía que sus padres estarían un tiempo fuera de Puerto Rico.
Vasthi lloraba al ver a su mamá y su papá subir las escaleras para abordar un avión en la terminal aérea de San Juan.
“Recuerdo que no paraba de llorar. Estábamos en un cuartito del aeropuerto con ventanas y mi abuelita Noemí me cogió en sus brazos. Como mi mamá sabía que yo no paraba de llorar, salió del avión y desde la plataforma de las escaleras, me dijo adiós desde arriba,” contó Vasthi emocionada, de 44 años, maestra de ciencias en Arecibo, Puerto Rico, donde reside.
Ese sería el último adiós que Vasthi Zila Morales le dio a su hija. La mujer de 25 años fue víctima del primer atentado en la época moderna que trascendió fronteras, perpetrado por terroristas en Tel Aviv, Israel, el 30 de Mayo de 1972, justo dos días después de despedirse de sus hijas y sus padres.
Cuatro décadas y el por qué del atentado
Cuarenta años han pasado desde que mercenarios del Ejército Rojo Japonés a las 10 y 30 de la noche de aquel martes 30 de mayo abrieron fuego con armas automáticas y lanzaron granadas en el Aeropuerto Internacional de Lod, Tel Aviv.
Los japoneses eran jóvenes que habían abordado el mismo avión en que viajaban los boricuas luego de hacer la última escala en Roma, antes de dirigirse a Israel. Los hombres se habían unido a la defensa de los palestinos por recuperar las tierras ocupadas por Israel. Estos recibieron el apoyo de la organización terrorista Frente Popular para la Liberación de Palestina que ayudó a dirigir el atentando en la sección internacional del edificio. Los guerrilleros terminaron matando a 26 personas e hiriendo a otras 78. De los hombres y mujeres que perdieron la vida, 16 eran puertorriqueños. Las víctimas de este atentado pasaron a ser los primeros civiles ciudadanos americanos que murieron en un acto terrorista fuera de Estados Unidos.
La Balacera
José Vega Franqui, entonces ministro de la Iglesia Metodista Unida del pueblo Hatillo, resultó herido en la balacera; su esposa Vasthi Zila Morales, la madre que salió del avión para decir adiós a su hijita en San Juan, fue una de las primeras en morir al momento en que los pasajeros en la sala de llegada del aeropuerto se disponían a recoger el equipaje.
“Andábamos tomados de la mano y Vasthi Zila dijo ‘ahí están nuestras maletas’ cuando de momento se escuchó una primera explosión. Alguien gritó, ‘tírense al piso’’’, narró Vega Franqui. ‘‘Cuando miramos hacia atrás, uno de los japoneses estaba frente a nosotros con un arma de fuego, listo para disparar.”





























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