“Vine esperando ver arte que fuera más colorido, más caribeño en sabor y lo que encuentro es arte más internacional, más vanguardista, más ambiciosa”, dijo Hall. “En realidad me he sentido muy emocionada al respecto. Creo que compite con cualquiera de la que he visto en otras partes en cuanto a ejecución, habilidad e ideas ambiciosas”.
Más de 1.300 artistas, curadores, coleccionistas y admiradores estadounidenses han sido acreditados para la Bienal, de acuerdo con los organizadores, una delegación inusualmente numerosa para la que algunos consideran el mercado más importante para el arte cubano. A diferencia de otros bienes de la isla, es totalmente legal que los estadounidenses compren arte cubano, que está cubierto por una exención del embargo de 50 años impuesto por Estados Unidos la cual permite la compra de “materiales informativos”.
“Vienen guaguas llenas de gente”, dijo Alpízar, que apenas en dos semanas en la Bienal ha vendido media docena de obras, incluyendo la pintura sobre Icaro, titulada “Hogar”. Otra pintura que fue adquirida por un coleccionista estadounidense, “Mi arca”, era una cruz caprichosa entre una popa de un bote y un retablo religioso, con famosas figuras históricas asomándose por las ventanas: Ernest Hemingway, Carlos Marx, Diego Rivera, Frida Kahlo y el papa Juan Pablo II.
Mientras que los artistas emigrantes cubanos que radican en Miami en ocasiones luchan por darse a conocer, los artistas que siguen en la isla disfrutan del prestigio de ofrecer un tipo de fruta prohibida para los coleccionistas estadounidenses. Personas en ambos lados del intercambio dicen que la afinidad mutua existe, no a pesar de sino gracias a las cinco décadas de proximidad geográfica y animosidad política.
La mayoría de los coleccionistas son cubanoestadounidenses, tal vez ansiosos de adquirir un vínculo con su terruño. Otros son mecenas provenientes de grandes urbes como Nueva York, San Francisco y Seattle que están más abiertos a la distensión.
“Hay una conexión muy sencilla entre nosotros. El público estadounidense… tiene una sensibilidad muy especial al arte cubano”, dijo Carlos René Aguilera, quien exhibió una decena de obras inspiradas en los agujeros negros, la teoría de cuerdas y otros misterios científicos. “Tal vez se deba a la mutua curiosidad acerca de nuestra historia. Tal vez porque somos vecinos y hay una relación turbulenta entre nuestros países, lo cual genera interés”.
El interés es tan grande que muchos norteamericanos están dispuestos a pagar lo que se pide sin investigar demasiado, y con un poco de suerte, hasta un artista principiante puede obtener un precio que causa asombro. Abundan las anécdotas sobre estudiantes universitarios que venden obras por 15.000 dólares, los mismos precios que obtiene Alpizar, un artista prestigioso que ha exhibido obras en muestras colectivas e individuales durante 23 años.
“El mercado lo soporta, ¿y por qué no apuntar a lo mñas alto?”, dijo Weingeist. “Sólo se necesita a alguien que esté mareado y que tenga dinero para comprar lo que le gista”.
Las transacciones generalmente son acuerdos de girar el dinero a cuentas bancarias que aceptan monedas internacionales en España, Holanda o Canadá en lugar de las cuentas locales en pesos cubanos. El vendedor embala cuidadosamente su obra y la envía a la dirección en el extranjero.
Las galerías se ven excluidas de su papel tradicional de intermediario, y el comprador tiene la impresión de que ha obtenido un buen precio. De esta manera, el comprador entra en contacto directo con el artista en su estudio.
Los artistas dicen que la Bienal es crucial para hacerse un nombre y establecer contactos.
“Me han ido dejando muchas tarjetas”, dijo la artista Tamara Campo, cuya oda a la crisis financiera mundial se encuentra instalada en un búnker de la fortaleza La Cabaña. Incluye una ola de cerca de 650 billetes hechos de madera de cedro que caen del techo al suelo, donde forman una pila desordenada.
“Se quiere comunicar conmigo mucha gente”, dijo Campo. “Tengo que revisar Internet ya mismo porque llevo días”.
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Peter Orsi está en Twitter como: www.twitter.com/Peter–Orsi






























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