Por aire, tierra o agua, Londres tiene sus vías de comunicación abiertas generosamente para propios y turistas. Sólo el planificar un viaje expone una amplia variedad de vuelos y horarios, pero para probar algo novedoso, dispongo mi llegada a través de Virgin Atlantic ¡y allí comienzan mis sorpresas! Al entrar al avión me topo con un bar (con barra, banquillos, cócteles y hasta una aeromoza haciendo de bartender) que estará abierto casi todo el vuelo para los pasajeros de Premiun Economy y Upper Class. Sí, mi experiencia comienza con un bar por todo lo alto.
Llegar al aeropuerto es otro lujo. London Heathrow, el tercer aeropuerto con más tráfico del mundo, tiene tantos restaurantes, boutiques, tiendas y farmacias, que salir de él sin al menos una compra es una prueba al autodominio. Sólo porque me espera una agenda apretada es que me dirijo directamente al Heathrow Express, el tren que tarda apenas 15 minutos para llegar a la ciudad (www.heathrowexpress.com), y que ofrece la forma más económica (L18 por adulto) de hacerlo.
Como ubicarse en una ciudad con 7 millones de habitantes no es fácil, tras dejar mi equipaje y tomar un baño rápido, pido un taxi para que me traslade del Corinthian Hotel al Museo Tate Modern. Me cuesta L14, pero mientras exploro las otras opciones de transporte londinense, tengo que aprovechar el tiempo y se me ocurre que es un buen comienzo. El Tate Modern ofrece tours para parejas (¡qué romántico!) y me gusta porque mi guía me pregunta específicamente qué tipo de arte me interesa: minimalista, arte povera, expresionismo Y casi de la mano me lleva a las muestras de estos movimientos y otros más. Transcurridas dos horas, la guía me conduce al bote (¡sí, ahora me transporto en bote!) que me lleva a Tate Britain. LLegamos en menos de 15 minutos, lo que me da tiempo para disfrutar de una variada muestra de la obra de Pablo Picasso que ocupa mi tarde y me deja con la impresión que he aprovechado al máximo mis primeras horas en esta urbe.
Para cerrar con broche de oro este primer día en Londres me dirijo (otra vez por Taxi) a West End, en donde me seducen una cantidad de espectáculos como We will Rock You, que desde el 2002 mantiene los más de 2,000 asientos del Dominion Theater llenos; Thriller - Live, que recuenta los éxitos de los Jackson 5 y su hermano más famoso, Michael y Singing in the Rain, el mega éxito del Palace Theater que lleva a escena la famosa película que protagonizara Gene Kelly y Debbie Reynolds en 1952. La oferta no tiene límites y mi gusto tampoco. ¡Estoy feliz en el mero centro teatral de Londres!
A la Ciudad olímpica por Subterráneo
Seguramente la manera más práctica y económica de explorar Londres es por tren. El London Underground (Tube) conecta con sus 274 estaciones toda la ciudad y un poco más allá. Es el sistema de este tipo más antiguo del mundo, y en mi segundo día como turista en Londres, me lleva en solo 11 paradas y 25 minutos hasta el complejo del Parque Olímpico, en el distrito de Stratford. Lo primero que llama la atención es la Olympic Orbit, diseñada por el escultor indio Anish Kapoor y Cecil Balmond. Mide 114.5 metros de altura, convirtiéndose en la escultura más alta del Reino Unido. Costó unos 22.7 millones de libras y, a partir del 28 de julio, servirá como mirador de la ciudad. Al pagar 7 libras, los visitantes podrán subir a ella, y ver la ciudad desde las alturas. Se calcula que concluidas las Olimpiadas, esta torre atraerá a un millón de visitantes todos los años.




























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