SAN SALVADOR -- Inspiradas por una tregua que declararon las pandillas, las reclusas de la Cárcel de Mujeres de El Salvador pidieron este lunes perdón público por los delitos que cometieron y demandaron una oportunidad de demostrar que pueden ser personas productivas.
“Pedimos perdón al pueblo salvadoreño, a las víctimas, a nuestras familias por los errores que hemos cometido, los cuales reconocemos públicamente”, expresó en una rueda de prensa Sandra Alvarado, quien dijo actuar como vocera de las 1,864 mujeres recluidas en ese centro, ubicado 10 km al este de San Salvador.
Las presas quieren que la sociedad les de la oportunidad de “demostrar que pueden cambiar, ”ser personas productivas“, y evitar que sus hijos ”caigan en manos de la delincuencia“, añadió Alvarado.
En la conferencia, realizada en una cancha de baloncesto del penal, Alvarado indicó que quieren que la sociedad les permita demostrar que pueden cambiar, ser personas productivas y evitar que sus hijos ”caigan en manos de la delincuencia“.
Las reclusas dijeron ver ”con alegría“ la tregua que acordaron a comienzos de marzo las dos principales pandillas que operan en El Salvador, la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Mara-18, y que ha permitido una reducción de 14 homicidios diarios a cinco.
“Vamos a demostrar que somos personas que tenemos derecho a rectificar en nuestra vida, que no queremos ser discriminadas, que también queremos un mejor país”, agregó Silvia Jiménez, otra portavoz de las internas.
Las voceras aseguraron que para demostrar su rehabilitación las presas se comprometen a no permitir que ingresen al penal, único exclusivo para mujeres del país, objetos prohibidos como teléfonos celulares, ni licor o drogas.
Jiménez explicó que se han “autoimpuesto“ reglas como participar en talleres de oficios como tejido en tela, o asistir a clases de pintura y dibujo, ”para fortalecer el proceso de readaptación y reinserción social“.
Mientras un centenar de las mujeres participó en la rueda de prensa, otras participaban en labores de pintura, y algunas entonaban cánticos religiosos.
Desde hace días “se han mantenido muy entretenidas en sus talleres de apoyo, están más dóciles para cumplir las normativas internas”, declaró una guardia de seguridad, que prefirió el anonimato.
En abril, los 4,200 reos de la Penitenciaria La Esperanza, en el norte de San Salvador, pidieron a la Iglesia católica interceder ante las autoridades para que se les capacite en oficios productivos que les permitan reinsertarse en la sociedad.
El sistema penal salvadoreño, diseñado para 9,000 reos, tiene una población de 24,000 internos, y es con frecuencia escenario de enfrentamientos y motines.






























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