Tan antigua es la empanada, que su origen se pierde en la nebulosa del tiempo. Aunque ningún país latinoamericano puede adjudicarse su creación, como alimento es muy representativa en la cultura hispana, uniendo el maíz y el trigo, carne de res y de cordero, tomates, papas y las especias que generalmente marcan las diferencias regionales.
Las primeras referencias se encontraron en la antigua Persia, siglos antes de Cristo. Desde allí, imagínese el viaje hacia los pueblos árabes, con las tradicionales y deliciosas fatay o sfiha, rellenas con jugosa carne de cordero y trigo bulgur. Cierre los ojos e imagine las largas travesías de antaño por el desierto y la necesidad de comidas alimenticias y fácilmente transportables en las alforjas de los animales.
Más adelante, seguramente las llevaron consigo cuando la ocupación mora de España, y luego los colonizadores la trajeron con ellos a América. Aquí en Miami, varios locales de comida árabe venden las empanadas rellenas de espinacas salteadas con ajo y limón (fatayer), entre mis favoritas en todo el mundo. En América Latina, las empanadas fritas u horneadas, ya sea en horno convencional o de barro, varían en sus ingredientes, pero la base es más o menos similar. Algunas, se sirven espolvoreadas con azúcar rubia o impalpable. La empanada salteña boliviana es otra de mis favoritas y su relleno incluye carne picada, papas, arvejas, pasas, aceitunas y huevo duro, besadas apenas con salsa picante. En Uruguay y Argentina se preparan saladas, algunas con el agregado de pasas de uva y/o aceitunas, y también rellenas de dulce de leche o de membrillo. En la provincia argentina de Salta son muy jugosas…y muy picantes, pero sabrosas (también entre mis favoritas). En Córdoba, se pintan con huevo y azúcar. En Perú, son picantonas por el ají local que se les agrega. Los italianos comen calzone, una especie de empanada/pizza, como me agrada llamarla, rellena con varios quesos y salsa de tomate, que es divina. En lo personal, nada como una buena masa de hojaldre, liviana como aire, casera o comercial, y, por supuesto, un buen repulgo manual para que cierren correctamente, y el relleno de la empanada no se corra por todo el horno. Para lograr una superficie brillosa, nada como pintarlas con huevo batido, pues hace la diferencia.
Hace pocas semanas, probé unas empanadas uruguayas horneadas, con recetas sencillas, pero muy sabrosas y fáciles de preparar. Cuando pregunté dónde las habían adquirido, me presentaron a la joven señora Rossana López, quien las prepara por encargo y ya cuenta con una clientela gastronómicamente feliz. López es uruguaya de nacimiento y reside en Miami hace una década. “Vengo de una familia de raíces italianas, que ama la cocina. Recuerdo cuando ayudaba a mi abuela a elaborar las empanadas, y así aprendí sus secretos para que le quedaran deliciosas y deleitar a la familia”, nos cuenta.
La idea de hacer empanadas para vender, surgió un día que su hijo tuvo un partido de fútbol. “Se me ocurrió llevar empanadas para compartir con los padres, quienes al probarlas quedaron fascinados y me dieron la idea de hacerlas para la venta. A partir de ese día me propuse prepararlas de varios gustos. La diferencia entre mis empanadas caseras y las que se adquieren comercialmente, es que son artesanales y elaboradas con frescos ingredientes”, finaliza López. Parte de la historia de los pueblos, está escrita en su gastronomía. Bon appétit!•




























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