Con la exposición Cinco artistas visuales de México en Miami se estrenó recientemente la nueva sede del Instituto Cultural de México, en las cercanías de Mary Brickell Village. El Cónsul General de México, embajador Juan Miguel Gutiérrez Tinoco, presentó a los cinco artistas mexicanos Leni Ibargüengoytia, Josafat Miranda, Ingrid Poch y Laura Villarreal, que asistieron a la inauguración, y Cecilia Rivera, que se encontraba de viaje en Europa. Coordinó el proyecto el nuevo director del Instituto, Alonso Martín.
Carnaval y las aguas
El único artista masculino de la exposición, Josafat Miranda, presentó dos piezas de gran formato, que se caracterizan por su humorismo. Las obras parecen de personajes en una fiesta de carnaval: una es de una chica con orejas de conejo, y una señal redonda y roja de tiro al blanco en el pecho. Aunque el pintor aseguró que su obra “no es nada violenta”. La otra es de un hombre con careta de “puerquito”. Ambas son de óleo y grafito sobre papel fotográfico. La serie se titula Mi retrato mítico, y es de personas conocidas del pintor. “Todos son amigos y familiares”, dijo Josafat, quien estudió en la ENAP (Escuela Nacional de Artes Plásticas) en México. El artista lleva cinco años en Miami, pero es de la ciudad de México. “Toda mi familia es de La Condesa [un barrio de la capital]”.
Le sigue en el muro una serie titulada Al otro lado, de Leni Ibargüengoytia, quien explicó que sus obras son fotos tomadas con el teléfono iPhone al que le puso una cubierta plástica especial y luego colocó bajo el agua. Los colores verdes y azulados son impresionantes. Ella quiere demostrar que esto es un resultado de la nueva cultura. “Todos andan por ahí colgados de estos aparatitos”, expresó. “Llevo tres años pintando cuerpos bajo el agua, y me di cuenta de que con el telefonito, puedo ponerlo bajo un charquito y lograr efectos parecidos; con un video profesional es más difícil”. Vive en Miami hace ocho años. Fue diseñadora gráfica por 15 años y ha estudiado en Bellas Artes, de México. Aquí la representa Nina Torres.
Mambo, mambo
Dos grandes cuadros de gran formato, Mambo XV y Mambo XVI, de Cecilia Rivera, son de un expresionismo figurativo, con la sugerencia de bailadores de este ritmo cubano en vívidos colores. Nacida en Cuernavaca, Morelos, México, Rivera reside en Miami desde hace unos años, y dice que esta ciudad le inspiró esos tonos. “Mis colores cambiaron [antes eran sepia y siena], y esto es una influencia nueva: cambió mi vida tanto en Miami con la luz, que se me iluminó el alma”, dijo Rivera, quien estudió en el taller independiente de Robin Bond, de la Academia Real de Londres, y en París, y siguió cursos de Historia del Arte en el Instituto de Cultura Superior de México.
“En el edificio de mi primer apartamento de la ciudad de México vivía también Dámaso Pérez Prado (1916-1989, director de su orquesta de mambo)”, contó la artista, lo que explica un poco este recuerdo en su obra. “Ahora el profesor Robert Farris Thompson, profesor de historia del arte de Yale University, que se especializa en cultura afrocubana, me encontró por Internet y vino para Miami, a ver mis cosas”, contó Rivera. “De alguna forma he introducido un poco lo figurativo, pero es lo mismo que he explorado antes, la música y el ritmo”. Además de Farris Thompson, otros críticos de importancia se han interesado en la obra de Rivera, como Jaime Moreno Villareal, que escribió sobre Duermevela, una exposición en París, y para el catálogo de Los Hijos del Tiempo, que se expuso en Oaxaca, y Carol Damian, directora del Museo de Arte Frost de la Universidad Internacional de la Florida, para el catálogo de la serie




























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