Daniel Morcate

DANIEL MORCATE: Defender la educación pública

 

La guerra conservadora contra la enseñanza pública se ha intensificado en la Florida, con la artera manipulación de las pruebas de aptitud conocidas como FCAT. Una cantidad sin precedentes de colegios y estudiantes las reprobaron este año porque las autoridades estatales de educación elevaron drásticamente las normas que en ellas han de satisfacer alumnos y escuelas. Como resultado, 108 centros de enseñanza pública recibirán F en comparación con 38 el año pasado. Y casi la mitad de los alumnos que tomaron el FCAT lo desaprobaron, a pesar de que a última hora los distritos escolares bajaron los requisitos para prevenir una catástrofe y la rebelión de los padres que, con honrosas excepciones, han permanecido pasivamente al margen de las maniobras contra la enseñanza pública.

Las jeremiadas contra esta modalidad de enseñanza son una vieja tradición no solo en la Florida sino en toda nuestra intranquila república. Desde 1820, reformistas reales o imaginarios se han quejado de que Estados Unidos padece un sistema de enseñanza poco exigente, maestros ignorantes y funcionarios escolares ineptos. En 1982, el gobierno del presidente Reagan elevó esta tendencia crítica al paroxismo cuando en un informe oficial, titulado "Una nación en riesgo", tronó contra el aprendizaje supuestamente mediocre de los jóvenes norteamericanos. En los 90 George W. Bush le subió la parada y alumbró "No Child Left Behind" que convirtió la educación pública en un esquema de técnicas para tomar exámenes de lectura y matemáticas, programa que, con ligeras variantes, ratificó con lamentable resignación el presidente Obama con su estrategia "Rise to the Top".

Por fortuna, el país ha respondido al zafarrancho de quejas, lamentaciones y negativismo manteniéndose invariablemente entre los 10 primeros del mundo en materia de educación pública. Incluso ahora, cuando los conservadores intensifican sus ataques, Estados Unidos ostenta la tasa de graduación de secundaria más alta de toda su historia, a pesar de que nunca antes habían asistido a sus escuelas públicas tantos estudiantes de minorías étnicas ni pobres. También envía cantidades récord de graduados de secundaria a las universidades; y eleva anualmente el porcentaje de egresados de college. Unicamente países étnicamente homogéneos y escasamente poblados, como Finlandia y Nueva Zelanda, muestran índices de escolaridad superiores a los nuestros.

Estos antecedentes sugieren que, lejos de merecer una gradual aniquilación, como la que persiguen extremistas, nuestro sistema de enseñanza pública necesita una vigorosa defensa. De ella dependen más del 90 por ciento de los jóvenes que ni antes, ni ahora ni nunca tendrán alternativas mejores para recibir una educación básica. Parte de esta deseable defensa ha de consistir en destacar los logros extraordinarios de nuestras escuelas públicas en circunstancias complejas. Otra parte debería consistir en enfrentar con determinación los problemas reales de nuestra enseñanza. Uno es la persistente brecha académica entre los estudiantes pobres y los de clase media o afluente. Otro es el repunte de la segregación racial. Un tercero es la escasez de incentivos para atraer a la profesión magisterial a más personas con talento. Y un cuarto es la necesidad de reorientar la educación pública del actual sistema conservador, esencialmente basado en técnicas para tomar exámenes de lectura y matemáticas, hacia otro más amplio que fomente también el aprendizaje de idiomas, artes y humanidades.

Los críticos conservadores preparan un nuevo asalto. Viene en la forma de un reporte, titulado US Education Reform and National Security, que con osadía vincula sin pruebas las deficiencias de nuestra educación con supuestas amenazas a nuestra seguridad nacional. El informe, realizado por académicos y políticos conservadores, no menciona que Estados Unidos invierte más en seguridad nacional que los restantes 20 países que le siguen combinados entre sí. Y con injustificada alarma advierte que media docena de países nos superan en educación pública -Finlandia, Corea del Sur, Japón, Singapur, Nueva zelanda y Australia- sin reparar en que todos son nuestros aliados y, por consiguiente, no amenazan nuestra seguridad nacional. Se trata de otra vuelta de tuerca en el esfuerzo inoportuno por socavar nuestra enseñanza pública, una de las instituciones nacionales de las que siempre podremos hablar con orgullo aun cuando nunca nos deje completamente satisfechos.

Más de Daniel Morcate

  • DANIEL MORCATE: Parar escándalos

    Llegaron los primeros efectos alarmantes de los escándalos que protagoniza el gobierno del Presidente Obama. La popularidad del mandatario se ha desplomado como zepelín en caída libre, según encuestas recientes. Una de CNN, por ejemplo, fija la desaprobación popular de Obama en 53%, casi 10% más que antes de que estallaran los escándalos. Y el desplome es particularmente agudo entre los jóvenes norteamericanos, que son quienes más utilizan internet y teléfonos inteligentes, dos medios en los que el gobierno se ha dado banquete vigilando a extranjeros y nacionales, desde luego, por nuestro propio bien. Desde que existen los gobiernos, sus líderes siempre han vigilado a los ciudadanos por su propio bien. Luego se han producido, invariablemente, los excesos de poder. Sobre todo cuando aquellos que han vigilado no se han dejado vigilar.

  • DANIEL MORCATE: Obama y el Gran Hermano

    Ha emprendido una guerra cibernética que no nos ha consultado

  •  

Un grupo de manifestantes protesta contra el alto costo de los seguros médicos en Miami, en septiembre del 2009.

    DANIEL MORCATE: El síndrome de la avaricia

    Tan pronto doblas la curva peligrosa de los 50 te golpea la prescripción médica: sométete cuanto antes a una colonoscopía. Y si en tu familia hay antecedentes de cáncer del colon, háztela cada tres años a partir de esa edad riesgo. No hay método más eficaz para detectar células malignas o potencialmente malignas en el colon, advierten gastroenterólogos avezados. Y según una extraordinaria investigación de The New York Times, tampoco lo hay más costoso para un paciente sano en Estados Unidos, un promedio de $7,000 astillas, es decir, $6,000 más que lo que cuesta la colonoscopía promedio en el resto del mundo. Así, un procedimiento médico que como pocos previene un cáncer traicionero, se ha convertido en ejemplo y símbolo de la disfuncionalidad de nuestro sistema nacional de salud. Una aberración que no curarán ni Obamacare ni el médico chino a menos que hagamos profundos ajustes como sociedad.

El Nuevo Herald

Súmese a la
discusión

el Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y se alamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

el Nuevo Herald utiliza una aplicación de Facebook para su sistema de comentarios. Usted debe ingresar con su cuenta de Facebook para hacer comentarios en nuestro sitio. Si tiene preguntas acerca de cómo hacer comentarios usando su cuenta de Facebook, haga click aqui.

¿Tiene información noticiosa que compartir con nosotros? Haga click aqui para enviarnos su información o inscríbase para participar en la red de Public Insight Network, que le permite convertirse en una fuente de información para el Nuevo Herald y The Miami Herald.

Esconder Comentarios

Esto afectará los comentarios en todas las historias.

Canceler OK
  • Videos