Al ser consultado por periodistas sobre qué lección le dejaba lo vivido, respondió: yo no necesitaba de esta experiencia para conocer el conflicto colombiano ni para conocer la guerrilla. Ya llevo mucho tiempo en esto, lo que me queda es la convicción de que hay que seguir cubriendo este conflicto y que conmigo se hizo con mucha política de muchos lados.
Poco después, sobre una tarima instalada por los moradores de San Isidro, Langlois lanzó críticas para ambos bandos: tanto para la guerrilla que dijo quiso debatir sobre la libertad de expresión mientras lo mantenía retenido, y a las autoridades que parecen ignorar las duras condiciones en que viven los moradores de estos poblados, sin carreteras y sin electricidad.
Yo no comparto esa decisión (rebelde) de guardarme (retenerme) 33 días me parece que se impuso una vez más la política sobre cuestiones humanitarias, dijo Langlois. Me tocó esperar un mes que era el 48 cumpleaños de las FARC para poder venir acá y encontrarse con la comisión que le sacara del cautiverio.
Las FARC, surgidas en mayo de 1964, cuentan con unos 9,000 miembros y es descrita como la guerrilla activa más antigua de la región.
Yo creo que la guerrilla no fue la única que hizo política conmigo, todo el mundo hace política en todas partes, agregó.
El reportero cayó en poder de los insurgentes el 28 de abril en una zona cercana a San Isidro.
El periodista galo realizaba un reportaje sobre el combate a las drogas y acompañaba a una unidad militar y policial en labores de destrucción de laboratorios clandestinos de cocaína cuando se produjeron combates con las FARC. En el choque murieron cuatro uniformados y Langlois resultó herido en su brazo izquierdo.
Yo estaba en este operativo (antidrogas) porque el trabajo de uno como periodista de grabar y cubrir toda las partes del conflicto, sea de la parte de la guerrilla, sea la parte del Ejército, indicó.
Ojalá el Ejército siga llevando gente a zonas de conflicto y ojalá que también periodistas vayan con la guerrilla a mostrar el diario vivir de los combatientes porque este conflicto no es cubierto, aseguró.
Langlois dijo que su herida fue atendida por los guerrilleros y que estaba bien.
En la parte de su codo izquierdo y hacia abajo se podía observar una larga cicatriz hasta la mitad de su brazo.
Un comandante rebelde le dijo la semana pasada al periodista independiente Karl Penhaul que Langlois fue muy afortunado en los combates porque una bala de AK-47 lo hirió por encima del codo pero sin dañar hueso o cartílagos.
En aquellos combates, dijo Langlois, yo vi morir un soldado a un metro mío y he estado durante dos horas con él antes de los combates. Era un sargento del ejército un hombre sencillo (que) pensaba que estaba en el lado bueno, añadió. Después estuve con los guerrilleros. Ellos están convencidos que la lucha de ellos es justa.
Para el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, los rebeldes están en una lucha perdida porque dice que nunca alcanzarán el poder por la armas; para las FARC, los gobiernos colombianos representan a una oligarquía y ellos al pueblo.
En medio de esos discursos y actos como los de la entrega de Langlois, analistas como Alejo Vargas, profesor de ciencias políticas en la Universidad Nacional en Bogotá, dicen que son actos normales en una confrontación.
En un conflicto armado ambas partes cada vez que se puede hace show para tratar de hacer propaganda y desprestigiar al otro, dijo Vargas en diálogo telefónico. La guerra no es sólo una guerra en lo militar sino es la guerra en la opinión, en lo político, en lo mediático.
Puede que las imágenes y el simbolismo del acto cambie algunos sectores de opinión, en uno u en otro sentido, pero en la guerra real no pasa nada en ningún sentido.
Langlois fue recibido en San Isidro por la comisión integrada por delegados del CICR, la ex senadora colombiana Piedad Córdoba y el emisario del gobierno francés Jean-Baptiste Chauvin. Todos llegaron la noche del martes a Florencia, la capital del departamento de Caquetá, y se desplazaron en autos del CICR el miércoles por la madrugada desde Florencia hasta San Isidro en busca del reportero.






























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