Sur de la Florida

Caníbal de Miami actuó drogado o bajo una maldición vudú, según su novia

 

ngreen@miamiherald.com

A las 11 a.m. del lunes recibió una llamada de un miembro de la familia de Eugene.

La persona que llamaba gritó la terrible noticia en el teléfono: “Rudy está muerto, Rudy está muerto”.

“De inmediato empecé a gritar”, dijo. “No sé cuándo colgué el teléfono, me puse histérica”.

Pero no fue hasta la tarde, cuando salió de su casa para llorar con el resto de la familia de Eugene en North Miami Beach, cuando escuchó noticias aún peores: el hombre al que todo el mundo estaba llamando el Zombie de Miami, era su novio.

Su reacción fue de incredulidad. “Ese no es Rudy, ese no es Rudy”, recuerda que decía en voz alta, en estado de choque.

“Nunca volveré a ser la misma”, confesó.

El hombre que estaba siendo presentado por los medios de comunicación como un “devorador de caras” o un “monstruo” no es el hombre que ella conocía, comentó.

Fumaba marihuana a menudo, aunque recientemente había dicho que quería dejar de fumar, pero no usaba drogas fuertes, e incluso se negaba a tomar medicamentos sin receta para enfermedades simples como dolores de cabeza, según ella. Era dulce y de buenos modales, recalcó.

La novia de Eugene tiene su propia teoría sobre lo que sucedió ese día. Cree que Eugene fue drogado sin saberlo. La única otra explicación, dijo, es sobrenatural: la de que alguien le echó una maldición de vudú. La novia, que a diferencia de Eugene no es haitiana, dijo que ella nunca había creído en el vudú, hasta ahora.

“No sé de qué otra manera explicar esto”, indicó.

Ella y Eugene se conocieron en el 2007. Mientras se encontraba en el tráfico en una calle de Miami, Eugene se detuvo junto a su auto y le indicó que bajara la ventanilla.

Ella lo hizo. “Pensé que era lindo. Le grité mi número y él me llamó en ese mismo momento. Nos conectamos de inmediato”.

Su relación de cinco años tuvo momentos difíciles. Se separaron durante varios meses en una ocasión, y luego volvieron a reunirse. Aseguró que sus problemas eran mayormente “de comunicación”.

Señaló que Eugene trabajó en un lavado de autos y que quería tener su propio negocio algún día.

Durante el tiempo que estuvieron juntos —relató—, Eugene se sentaba con ella por las tardes en la cama o en el sofá para leerle la Biblia. La llevaba consigo dondequiera que iba y a menudo citaba versículos de la misma a amigos y familiares, subrayó.

“Si alguien andaba perdido o no conocía a Dios, él les hablaba”, dijo. “El creía en Dios”.

Confesó que llora a menudo. La ropa y los zapatos de Eugene todavía están en su closet.

“Algo fuera de lo común pasó ese día. Yo no quiero que lo llamen el Zombie de Miami”, dijo. “El era un ser humano. Yo no quiero que lo recuerden de esa manera”.

El nunca fue violento con ella, afirmó.

Pero, según actas policiales, Eugene actuó con violencia al menos una vez y fue arrestado por cargos de asalto. En el 2004, amenazó a su madre y rompió muebles durante una disputa domestica, según los archivos del Departamento de Policía de North Miami Beach.

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