Rajon Rondo se sentó en la conferencia de prensa con su chaleco rojo y el rostro desencajado. Los números rebotaban delante de él, se repetían como un disco rayado. Después de todo, en 66 años de NBA ningún otro jugador había sumado 44 puntos, repartido 10 asistencias y capturado ocho rebotes en un mismo encuentro de playoff. En la liga que ha visto pasar a Michael Jordan, a Magic Johnson y Kobe Bryant, eso significa algo. Digo yo.
Pero al armador de Boston no parecían interesarle las cifras ni los elogios velados de los periodistas. Luego de 53 minutos sin descanso en un choque que posiblemente haya sentenciado los sueños de los Celtics de avanzar a la Final, Rondo sabía en lo profundo de su ser que la suerte de su equipo estaba echada. Todavía le restan dos derrotas más, pero la escritura se veía en la pared: se acabó.
Todo eso es irrelevante, expresó Rondo de su actuación. Perdimos. Es tan simple como eso.
Si Boston, con un juego soberbio de Rondo el coach de Miami, Erik Spoelstra le calificó de maestro-, con un renacimiento de Ray Allen, con el esfuerzo total de Kevin Garnett y Paul Pierce, no pudo vencer al Heat en el segundo choque de la Final del Este, no hay manera de que pueda llevarse esta serie antes de que el equipo sea despedazado en el verano, porque lo será, y cambie su estructura de manera radical.
El tiempo de los primeros Tres Grandes sí, porque ellos señalaron el camino- llega a su fin. Rondo continuará como el puente hacia los nuevos Celtics, pero los viejos pilares que conquistaron un título en el 2008 iniciarán su despedida hacia el ocaso del retiro, más temprano que tarde y muy posiblemente con otro uniforme, equipos dispuestos a extraer las últimas esencias de guerreros listos para el reposo.
Boston tuvo una buena primera mitad, destellos de un pasado glorioso, pero en la segunda el balón dejó de correr, de ir de mano en mano. Las jugadas aisladas comenzaron a ser las predominantes y la correlación de asistencias por tiros de campos convertidos bajó a un 37 por ciento, el más bajo en los últimos cinco años para la franquicia. Traducción: los Celtics perdieron la capacidad de crear jugadas, de generar espacios, y cada cual fue por su lado, tratando de lograr la canasta de manera individual ante el peso de una defensa voraz como la de Miami.
Escuchen, jugamos de manera excelente, apreció el coach de Boston, Doc Rivers. Les dije a mis muchachos que jugaron extremadamente fuerte, jugaron duro, con gran corazón, pero que no siempre jugaron de manera inteligente.
Se equivoca Rivers. Donde él observa falta de inteligencia lo que hay es cansancio duro y puro. ¿Cuándo se vio que Pierce saliera por problemas de faltas personales en dos de tres partidos? Pierce, y Garnett, y Allen sacaron la casta, lo que les queda en el tanque de combustible, y aún no fue suficiente, ni para ganar el miércoles en Miami y no lo será para dispararle a una esperanza tímida en Boston. Algunas faltas nacen de la estupidez, pero la mayoría de la fatiga.
Por supuesto, Rondo cerrará los ojos, como el resto de sus compañeros de mil batallas, y dirá lo deportivamente correcto sobre la lucha hasta el último minuto, sobre que todavía podemos darle la vuelta a esto, pero él sabe, más que nadie, él sabe. Cuando el rival lo cubre de frases estimulantes, cuando su mejor juego no basta, todo se ha acabado, aunque el calendario diga todo lo contrario.




























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