Philippe (François Cluzet) queda parapléjico a causa de un accidente en el peligroso deporte de hand gliding. En su mansión millonaria entrevista a aspirantes al cargo de custodio diario. A Driss (Omar Sy) no le interesa particularente el puesto y compite sólo por cobrar retribución retrasada por desempleo. Con la arrogancia del caso, se da el lujo de responder a las preguntas sin la compasión mecánica de los enfermeros profesionales.
Su actitud desenfadada impresiona al inválido, que insiste en contratarlo por encima de las objeciones de sus consejeros. Entre Philippe y su alter ego surge una relación de tensa ironía que necesita dos directores (Eric Toledano y Olivier Nakache) para mantener un ping-pong emocional, con la pelotita volando sin chocar catastróficamente contra la red.
En su país de origen, lo consiguieron con éxito espectacular cuando el filme batió récords para convertirse en el más taquillero en la historia del cine francés, con Omar Sy como primer actor negro en ganar el Premio César, aun derrotando a Pierre Dejardin, triunfador por The Artist con el equivalente Oscar de Hollywood.
Probablemente, la pasión por The Intouchables no llegue a tanto en estas costas, pero en el cine de París donde la vi retumbaban las paredes con carcajadas ante situaciones que a mí me provocaron apenas un par de sonrisas. Falta el conjuro mágico que trocó a una mediocre comedia en parisina mina de oro.•




























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