Opinión

Los derechos de los gays

 

El sol mañanero del sábado me trajo buenas nuevas: r gUna grata noticia fue leer a quien considero mi amiga, Bernadette Pardo, con quien nunca he cruzado una palabra, pero que siempre lee mis pensamientos. Ella tiene las agallas de plasmar en el papel la autenticidad de su pensamiento, gústele a quien le guste. Esta vez tocó la llaga del matrimonio entre gays, a través de tres argumentos fundamentales: la religión, la pureza de la “sagrada” institución del matrimonio para procrear hijos, y la relación entre homosexualismo y perdición moral, cuando todos sabemos que las cárceles están llenas mayormente de pervertidos heterosexuales.

Con gran acierto el artículo recuerda la separación constitucional entre religión y gobierno, y que la Biblia, el Corán y la Torah, por citar las tres mayores, no pueden regir el gobierno de este país, sino un solo documento de 1787: la Constitución. También es curioso como la Biblia condena el adulterio, el onanismo y la fornicación, pecados con los que convivimos tan cotidianamente que ya pasan inadvertidos para ciertos puritanos.

Un dato interesante aportado por Bernadette es las estadísticas del Censo que prueban cómo la “sagrada institución del matrimonio’’ está desapareciendo, con la mitad de los matrimonios que terminan en divorcio, las parejas que viven sin casarse, y cuatro de cada 10 niños que viven con un solo progenitor.

Cada vez más gente gay se decide a enfrentar siglos de rechazo, y reclamar su derecho a ser feliz y a vivir sin hipocresía, que es otra manifestación de la libertad. Los gays son gente como cualquiera, muchos de ellos personas valiosas y decentes que ocultan una sexualidad diferente a la mayoría, por miedo al rechazo. También creo que cada vez más personas serán honestas consigo mismas y dejarán de vivir una doble vida.

Interesante es observar a aquellos ultraconservadores que se tornan pro derechos de los gays cuando el fenómeno les toca a su puerta, en la forma de una hija quequiere ser varón, o el hijo poco masculino. La con ciencia evoluciona cuando toca lidiar en la propia familia con el dilema humano de individuos con una preferencia sexual socialmente condenada, los que ya es hora de que disfruten de los mismos derechos que el resto de la sociedad.

La raíz del problema es ese odio que algunos “odiosos” sienten hacia todo aquel que es diferente, sea este negro, musulmán, ateo, homosexual, judío o centroamericano, o simplemente diferente a nosotros. Es el delito de discriminación, de suponer que solo un grupo escogido, nuestro grupo, es merecedor de derechos, entre ellos, la consecución de la felicidad, acuñado en la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

Es necesaria mucha compasión, siendo absolutamente heterosexual, para entender que una persona homosexual, la cual no eligió su preferencia, pueda amar a una persona del mismo sexo.

Carmen Iglesias

Miami

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El Nuevo Herald

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