El afamado meteorólogo Bryan Norcross recibió su bautismo de fuego en la radiodifusión cuando el huracán Andrew se encontraba en su peor momento, y permaneció en el aire durante 23 horas infernales para proporcionar actualizaciones sobre la tormenta y dar consejos a los atemorizados y aislados residentes del sur de la Florida, cuyo único contacto con el mundo exterior era el sonido permanente de su voz.
En aquel entonces, la estación Norcross (WTVJ-Canal 4) era uno de los pocos sitios a los que se podía acudir en busca de información en tiempo real sobre huracanes, algo inimaginable para la generación del teléfono inteligente, que tiene una aplicación para casi todo, incluidas las alertas sobre condiciones severas del tiempo.
Pero con el comienzo oficial de la temporada de huracanes el viernes -la vigesimal desde que Andrew causó la muerte de decenas de personas y miles de millones en daños por todo el sur de la Florida- la voz de Norcross ha pasado de tranquilizadora a preocupada.
Su preocupación: Cuando la principal fuente de información de unos es el iPhone, ¿qué sucede cuando no hay electricidad y no hay sitio adonde ir a recargar? E incluso si usted tiene electricidad o carga, ¿qué pasar si la red se ha caído?
Si tuviéramos un huracán como Andrew ahora, [la infraestructura celular] simplemente no funcionaría, dijo Norcross, que ahora es especialista en huracanes en el Weather Channel. Es un problema de seguridad pública monstruoso en la industria de la comunicación de emergencia depende cada vez más de la electricidad y el ancho de banda.
En los días siguientes a Andrew, la gente se mantenía informada a través de la radio de transistores, teléfono fijos y el periódico, cuyos camiones continuaron circulando en medio del desastre. El papel funcionó como una especie de precursor impreso de los medios sociales de hoy, enumerando a los que no se sabía dónde estaban, diciendo cómo encontrar agua y hielo, y dónde había sido peor el daño. El servicio telefónico era irregular, y la energía eléctrica dejó de fluir durante días o semanas, dependiendo de la vecindad. La gente de fuera de la ciudad con familiares en el sur de Florida no necesariamente podía llegar a ellos para saber si todo estaba bien.
Hoy en día, las radios de transistores y los teléfonos de línea fija son cada vez más raros. Y la manera en que la mayoría de las personas recibe y transmite información (dispositivos móviles y teléfonos de banda ancha con base en la casa, ninguno de los cuales funciona por mucho tiempo sin una fuente de alimentación) es aún más susceptible a los elementos.
Cuando el huracán Katrina azotó la costa del Golfo en el 2005, la tormenta arrasó con más de tres millones de líneas telefónicas de clientes y con más de mil sitios de telefonía celular, de acuerdo con la Oficina de Contabilidad del Gobierno.
Es extraño pensar en eso ahora, pero incluso esa fue una época diferente. El iPhone, con su capacidad de hacer de todo, estaba a más de un año de su presentación mundial, y la mayoría de las personas utilizaban sus teléfonos para hacer llamadas y muy poco más.






























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