El fue un bag boy en Publix, contó Salinas, refiriéndose al hecho de que el escritor trabajó poniendo mercancías en bolsas en un supermercado, en la década de los 1990.
Lo queríamos como el gran escritor que era, pero también como una persona amable y gentil. Lo extrañaremos mucho, dijo Salinas, quien como pintor abstracto sentía una gran conexión con las imágenes de esta naturaleza que hallaba en la obra de García Vega.
Por su parte, el poeta Fernando Palenzuela, que disfrutó de la amistad de Lorenzo a lo largo de tres décadas, destacó su generosidad para compartir su experiencia con jóvenes escritores.
Siempre lo recuerdo como alguien que era capaz de dar consejos a los escritores más jóvenes y a la vez también de pedirles opinión sobre su obra, dijo, recordando que García Vega solía compartir con el fallecido escritor Carlos Victoria, uno de los representantes de la llamada generación del Mariel, llegados a Estados Unidos en 1980.
Todas las semanas Carlos lo visitaba y Lorenzo le leía capítulos de su autobiografía, El oficio de perder (2004), contó Palenzuela, quien apuntó que en su ultimos años García Vega estaba interesado en escribir minicuentos.
Tenía una libreta de apuntes en su mesa de noche para escribir los sueños, que luego trabajaba en cuentos de menos de una cuartilla, recordó Palenzuela, quien menciona entre los escritores que García Vega admiraba al argentino Macedonio Fernández, al rumano Emil Cioran, los estructuralistas franceses y George Lichtenberg, por sus aforismos.
García Vega está en una categoría indefinible, era un hombre de vanguardia, que solía describirse como un no escritor. Lo que hacía no se parece a nadie, su estilo era experimental, explicó Palenzuela.
García Vega también cultivó la crítica literaria, que matizaba con un humor a veces perverso, según Palenzuela. Sus amigos lo recordarán además como un gran contador de historias, que exponía sus puntos de vista sin discutir.
Según Margarita Pintado Burgos, estudiante de la Universidad de Emory, en Atlanta, quien trabaja en una tesis sobre García Vega, éste se asumía como un escritor marginal, cuyas acciones estaban atadas a su escritura.
Tenía una gran voluntad de vivir y de poner su vida a disposición de la creación, dijo Pintado Burgos, que colaboró con el escritor en el blog Ping-Pong Zuihitsu.
Por su parte, el escritor Antonio José Ponte recordó el olvido al que fue condenado García Vega en Cuba por haberse exiliado. En 1994, celebrándose el cincuentenario de Orígenes, yo elegí ocuparme de Lorenzo García Vega. Hablé en público de él (era la primera vez que se le mencionaba desde que él se exiliara), y recibí ataques, reproches y protestas. Su obra era altamente polémica, como pude comprobar, rememoró Ponte, quien destaca la juventud del estilo de García Vega.
Hace unos días, en México, entre escritores, me pidieron nombres de jóvenes escritores cubanos y mencioné, entre los jóvenes, a Lorenzo. Su obra, hasta la de los últimos textos suyos que leí, era jovencísima. Dicho en el mejor de los sentidos, reconoció Ponte.
A Vega lo sobreviven en Miami su esposa, Marta, y su hija Judith. No se efectuarán servicios funerarios porque el escritor pidió ser cremado. Sus restos descansarán junto a los de su madre en un cementerio católico de esta ciudad.





























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