Washington -- Desde sus primeros meses en el cargo, el presidente Barack Obama ordenó en secreto ataques crecientemente sofisticados contra los sistemas de computadoras que administran las principales instalaciones de enriquecimiento nuclear de Irán, expandiendo significativamente el uso de armas ciberneticas por parte de Estados Unidos, según participantes en el programa.
Obama decidió acelerar los ataques iniciados bajo la administración de Bush bajo el código Juegos Olímpicos (Olympic Games) incluso luego de que un elemento del programa se hizo público accidentalmente en el verano del 2010, a causa de un error de programación que le permitió escapar de la planta de enriquecimiento de uranio de Natanz, en Irán, y lo envió alrededor del mundo por internet. Expertos de seguridad de informática que empezaron a estudiar el gusano informático, que había sido creado por Estados Unidos e Israel, le dieron un nombre: Stuxnet.
En una tensa reunión en la Sala de Situación de la Casa Blanca, a pocos días del escape del gusano informático, Obama, el vicepresidente Joseph R. Biden Jr. y el entonces director de la Agencia Central de Inteligencia, Leon E. Panetta, debatieron la posibilidad de que el intento más ambicioso por parte de Estados Unidos de demorar el progreso de los esfuerzos nucleares de Irán podría haber fracasado.
¿Debemos cancelar esto?, preguntó Obama, según miembros del equipo de seguridad nacional del Presidente que se encontraban en la sala.
Cuando le dijeron que no estaba claro cuánto sabían los iraníes sobre el código, y presentaron pruebas de que todavía estaba creando el caos, Obama decidió que los ataques cibernéticos debían continuar. En las semanas que siguieron, la planta de Natanz fue atacada por una versión más nueva del gusano informático, y luego otra posterior. El último de esta serie de ataques, pocas semanas después de que Stuxnet fuera detectado en todo el mundo, incapacitó temporalmente cerca de 1,000 de las 5,000 centrífugas que Irán tenía trabajando en ese momento para purificar uranio.
Esta versión de los esfuerzos de EEUU e Israel para socavar el programa nuclear iraní está basada en entrevistas hechas durante los últimos 18 meses a funcionarios estadounidenses, europeos e israelíes tanto pasados como actuales involucrados en el programa, además de una variedad de expertos independientes. Ninguno de ellos permitió que se usara su nombre porque estos esfuerzos siguen siendo altamente clasificados y partes de los mismos se siguen llevando a cabo hasta el momento.
Estos funcionarios dieron diversas opiniones sobre el éxito del programa de sabotaje en su objetivo de demorar el progreso de Irán en la construcción de una bomba nuclear. Cálculos internos de la administración de Obama afirman que el esfuerzo iraní fue retrasado entre 18 meses y dos años, pero algunos expertos dentro y fuera del gobierno se muestran más escépticos, señalando que los esfuerzos de enriquecimiento de uranio por parte de Irán se han recuperado sostenidamente, dando al país suficiente combustible para cinco o más armas en la actualidad.






























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