Esta mañana tenía que ser una mañana más, normal, pero cuando salí de casa me crucé con dos monjas que venían de comprar el pan, y con un grupo de unos 20 turistas que visitaban La Laguna, no paraban de sacarles fotos. Y es que a veces me olvido de que vivo en San Cristóbal de La Laguna, una de las ciudades más importantes de Tenerife, Islas Canarias. Por cierto, estos turistas venían con un crucero transatlántico que había atracado en el muelle capitalino la tarde anterior. Y las religiosas eran del Convento de las monjas clarisas.
El Casco Histórico de San Cristóbal de La Laguna fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, por la conservación de su urbanística, cuya construcción fue usada en toda Hispanoamérica tras la conquista. Y es que la unión de La Laguna con América es muy importante, porque según nos cuenta D. Fernando Clavijo, actual Alcalde de esta ciudad, los lazos que nos unen con América son más que estrechos: no podemos olvidar que el título otorgado por la UNESCO reconoce que La Laguna fue la primera ciudad sin fortificar de Occidente, construida expresamente para la Paz, y que su trazado, que se conserva casi intacto, sirvió como modelo para las primeras urbes fundadas en el continente americano.
El municipio se encuentra al norte de Tenerife, y es el segundo más poblado de la isla y el tercero de Canarias.
La ciudad también es llamada La Ciudad de los Adelantados por el castellano Fernández de Lugo, nombrado por los Reyes Católicos, como Adelantado y Capitán General de las costas de África para conquistar las Islas Canarias. Y aquí, en La Laguna, se instaló y creó la ciudad tras las batallas que le dieron la victoria a finales del siglo XV.
La Laguna también es La Ciudad de Aguere, ya que los pobladores aborígenes de la isla llamaban así a la zona en donde está asentada la ciudad actualmente, y es que Aguere significa laguna. Hace algo más de 500 años existía un pequeño lago y en sus orillas se fundó la ciudad. En la actualidad ya no hay laguna, pero la zona aún mantiene esos acuíferos, y se nota en el ambiente húmedo en sus calles.
Todavía hoy algún turista despistado cuando visita la ciudad pregunta dónde está el lago. Sólo se le puede decir que está en una Laguna sin laguna.
La Ciudad de Aguere es cultural, religiosa, muy afable y universitaria. Pasear por sus calles peatonales es un gran placer. En cualquier rincón hay tradición.
El primer instituto de enseñaza de toda Canarias se fundó aquí. Por sus aulas han pasado grandes nombres como el escritor Benito Pérez Galdós o el pintor surrealista Oscar Domínguez. La primera Universidad de Canarias también se creó aquí.
La ciudad tiene una distribución rectilínea en sus calles, con paralelas y perpendiculares; cuenta con tres ejes principales que la recorren de lado a lado: la Calle Obispo Rey Redondo (más conocida como Calle de la Carrera), Calle Herradores, y Calle San Agustín. Todas son peatonales y mantienen esa arquitectura colonial que a veces confunde, porque nos traslada directamente a Latinoamérica. Y es que como muy bien dice Clavijo, a los latinos que nos visitan probablemente les llamará la atención los edificios, tan similares a los de la época colonial americana y, sin duda, la conformación de la ciudad, sus calles, sus colores, su ambiente y todos los elementos que comparte con ciudades como La Habana Vieja, Cartagena de Indias (con las cuales está hermanada) o San Juan de Puerto Rico, entre muchas otras.




























Mi Yahoo