WEST POINT -- Durante dos siglos, la Academia Militar de Estados Unidos ha producido generales para las guerras, entre los cuales están Ulysses S. Grant, Robert E. Lee, George S. Patton y David H. Petraeus. Es donde el ex presidente George W. Bush pronunció lo que llegó a conocerse como su discurso del derecho de prioridad, que buscaba justificar la invasión de Irak, y donde el presidente Barack Obama dijo a la nación que enviaría 30,000 soldados estadounidenses más a Afganistán.
Ahora, en otro momento crítico en la historia militar de Estados Unidos, el cuerpo docente aquí, en el recodo dominante del río Hudson, está totalmente inmerso en su propio debate existencial. En general, la discusión es sobre si ya se agotó la estrategia de contrainsurgencia utilizada en Irak y Afganistán: la doctrina costosa, que consume mucho tiempo y requiere muchas tropas para ganarse a los lugareños, construyendo caminos, escuelas y gobierno. En términos generales, la pregunta es qué ganó Estados Unidos después de una década en dos guerras.
“No mucho”, dijo de plano el coronel Gian P. Gentile, el director del programa de historia militar en West Point y el comandante de un batallón de combate en Bagdad en 2006, en una entrevista la semana pasada. “Desde luego que no valió la pena el esfuerzo. Desde mi punto de vista”.
Gentile, un crítico de la contrainsurgencia de tiempo atrás, representa a un lado de la división en West Point. En el otro está el coronel Michael J. Meese, el jefe del influyente departamento de ciencias sociales de la Academia y un alto asesor de Petraeus en Bagdad y Kabul, cuando comandó las guerras en Irak y Afganistán.
“Nadie, nunca, debería subestimar los costos y riesgos implicados en la contrainsurgencia, pero tampoco deberías retirar eso de la mesa”, afirmó Meese, también en una entrevista la semana pasada.
La contrainsurgencia, dijo, “tuvo éxito en general al poder hacer que los iraquíes se gobernaran a sí mismos”.
El debate en West Point refleja el que se lleva a cabo en las fuerzas armadas en su conjunto, mientras Estados Unidos se retira de Afganistán sin una victoria clara, y mientras los resultados en Irak siguen siendo ambiguos, en el mejor de los casos. (En “This Week”, el programa sobre noticias de ABC News del domingo, el secretario de la Defensa Leon E. Panetta calificó al Talibán de “resistente” tras 10 años y medio de guerra.)
Sin embargo, en West Point, el debate es personal, y una década de estadísticas – más de 6,000 elementos estadounidenses del servicio muertos en Irak y Afganistán, y más de 1,000 billones de dólares gastados – tocó la fibra sensible. El sábado, se graduaron 1,032 cadetes como tenientes segundos, los despacharon con un discurso de graduación del vicepresidente Joseph R. Biden, Jr., y la promesa de que son “la clave de cualesquiera desafíos que el mundo nos tenga reservados”.
Muchos de ellos están inquietos sobre qué encontrarán en Afganistán – a menudo, las noticias que traen los amigos no son buenas _, pero, con todo, esperan hacerla allá antes de que la guerra haya terminado en buena parte.




























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