Es una casa de bloques de concreto en un humilde vecindario de Miami, pero captura un importante legado del Huracán Andrew:
No la construyeron como acostumbraban a hacerla. Esa es una buena noticia.
En las dos décadas después de que Andrew, los códigos de construcción se hicieron más estrictos, incrementando las posibilidades de que las casas sobrevivan otro gran huracán, pero también se elevaron su costo.
Los cambios van más allá de ventanas y contraventanas para huracanes. Desde los paneles del techo hasta las armaduras de las viviendas son más gruesas, fuertes y “muy superiores” a las débiles casas que se doblaron durante Andrew, comentó Flavio Gómez, director del Departamento de Construcción del Condado Miami-Dade.
“Siento seguridad aquí en un huracán”, comentó Gómez durante una inspección de los techos de la semana pasada.
Pero debido a todas las mejorías, algunos ingenieros y expertos en desastres se preocupan de que los constructores y los compradores pongan ahora demasiada fe en los elogiados códigos de huracanes de la Florida. También cuestionan el regreso a requerimientos anteriores de construcción menos estrictos en zonas fuera del sur de la Florida, que fue aprobado tranquilamente el año pasado.
“Construir según el código”, destacan, no significa hacerlo a prueba de huracanes, ni siquiera incluso en los condados Miami-Dade, Broward, que mantienen los mayores estándares del país contra los vientos.
“El código de construcción es el requerimiento mínimo. No tienes otra opción que cumplir la ley, pero no significa que es un mejor diseño o el más fuerte”, dijo Ricardo Alvarez, un experto en vulnerabilidades estructurales. “Deberíamos estar construyendo con mejores códigos”.
Sin embargo, la Comisión de la Construcción de la Florida —una junta de 26 miembros de representantes de la industria de la construcción, arquitectos, ingenieros y funcionarios de código nombrados por el gobernador— firmó el año pasado un código revisado de construcción para todo el estado que reduce los estándares del viento para las áreas de tierra adentro y la mitad norte del estado.
La última versión del código estatal, que se actualiza cada cinco años y entra en efecto en marzo, cambia la “región hacia donde se dirigen los escombros por el viento” y donde son requeridas las contraventanas o las ventanas de impacto. Agrega una amplia franja a lo largo de tierra adentro del Sur de la Florida, reflejando mayores riesgos, pero deja afuera la mayor parte del Panhandle, la región del Bog Bend y la costa de Jacksonville, que acaba de experimentar la tormenta tropical Beryl.
El nuevo código también recalcula las “cargas de los vientos”, una medida crítica de la presión del viento que se supone deben soportar los edificios, haciéndolas descender un promedio de un 20 por ciento a lo largo de gran parte del estado. En la parte interior de Jacksonville, los promedios de la presión descendieron un 35 por ciento. Aumentaron ligeramente en sólo un lugar: en la costa de Miami-Dade y Broward.





























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