Tim Reinhold, vicepresidente de ingeniería del Instituto de Protección de Negocios y Hogares en Tampa, apoyado por la industria de los seguros, que ha presionado durante mucho tiempo por que se instauren códigos más estrictos contra huracanes, calificó de “realista” la rebaja de la carga del viento y dijo que no esperaba que la misma tuviera como resultado diseños o materiales de edificación sustancialmente más débiles.
“Están reduciendo un poco la carga de vientos”, dijo, “pero probablemente no es lo suficiente para crear problemas”.
En Miami-Dade y Broward, funcionarios de construcción consideran que los cambios tendrán muy poco efecto. Las ventanas y contraventanas a prueba de impacto ya cumplen con los nuevos estándares.
No obstante, algunos expertos localizados en el sur de la Florida cuestionan por qué el resto del estado aceptaría estándares más relajados tras las devastadoras lecciones del Andrew, el desastre natural más costoso de la nación hasta que el huracán Katrina casi sumergió a Nueva Orleans en el 2005.
La mayor parte del sur de Miami-Dade escapó los peores vientos del Andrew, los cuales figuran entre los más intensos de que se tenga noticia. Inspecciones de ingeniería e investigaciones de jurados de instrucción tras la tormenta mostraron que los códigos inadecuados, empeorados por chapucería en la construcción y el descuido en la imposición de los mismos, contribuyeron mucho a los daños.
Eugenio Santiago, principal funcionario de construcción de Key Biscayne y veterano promotor de estándares más estrictos, considera que las preocupaciones de costo de la industria de la construcción continúan ejerciendo demasiada influencia a la hora de fijar los códigos contra vientos, al menos fuera de Miami-Dade.
“Desgraciadamente, todo este proceso ha hecho que yo sea muy escéptico. Lo principal que ellos quieren es hacer más barata la construcción para sacarle más dinero”, declaró. “A menos que tengamos un huracán en Tallahassee, no creo que eso cambie”.
Alvarez, consultor de construcción de Miami y ex director interino del centro de investigaciones de huracanes de la Universidad Internacional de la Florida, apuntó que la preocupación de los constructores por los costos es miope y argumentó que una mayor solidez en la construcción paga por sí misma al garantizar menores pérdidas en propiedades cuando inevitablemente llegan las tormentas.
“Todo este argumento de que no se puede construir con más solidez porque es demasiado caro, es falso”, sentenció.





























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