La novela El ruido de las cosas al caer de Juan Gabriel Vásquez se inicia con la fuga y posterior caza de un hipopótamo del extravagante zoológico que era propiedad del abatido narcotraficante Pablo Escobar. Fue este acontecimiento inaudito que dispara los recuerdos del protagonista Antonio Yammara quien en 1995, conoce a Ricardo Laverde, individuo que ha pasado 20 años en la cárcel en Estados Unidos. Laverde, de quien se sabe que fue piloto, es asiduo de los billares donde Yammara, profesor universitario de Derecho, consume sus horas de ocio. Entre los dos se fraguará una amistad, no profunda, pero sí lo suficiente solidaria para que una de esas tardes Laverde le pida con urgencia que le busque un sitio donde poder escuchar una grabación. Yammara lo lleva a pocas cuadras de lo que fue la casa del poeta José Asunción Silva, ahora convertida en Centro Cultural. Allí Laverde escucha conmovido los últimos momentos de los pilotos del avión siniestrado donde viajaba su mujer, la norteamericana Eliene Fritts.
Luego de oír las revelaciones de lo que fue la caja negra del avión, Laverde sale precipitado del Centro Cultural. Yammara lo sigue para saber lo que le ocurre y tratar de ayudarlo. A pocas cuadras del lugar, cuando Yammara lo llega a alcanzar, unos sicarios en una moto disparan a Laverde, quien muere al instante y dejan herido de gravedad a Yammara.
El peso y la intensidad de esta historia gravita en las reflexiones de sus protagonistas, como si el propio autor quisiera trasmitir con afán casi obsesivo lo que aconteció con Ricardo Laverde y su familia. Esta historia también representa lo que ocurrió con buena parte de la sociedad colombiana, y en particular, la generación, su generación, nacida en los inicios y dentro del auge de esa pesadilla que fue y sigue siendo la guerra del narcotráfico.
Juan Gabriel Vásquez estudió derecho igual que su personaje, y luego de graduarse partió a Francia, donde se instaló por tres años en París. Luego se mudó a un pueblito en Bélgica y, finalmente, estableció su residencia permanente en Barcelona. Es autor de dos novelas: Los informantes y La historia secreta de Costaguana.
En esta novela, Vásquez ha querido que hablen las víctimas, gente común y corriente que no son héroes ni encargados de combatir o solucionar el conflicto. Tanto por parte de Yammara, como por Maya, la hija de Laverde, la tarea urgente es tratar de conocer la verdad de lo ocurrido, algo que resulta limitado y sin felices conclusiones. De ahí que en esta historia se respire un aire denso de frustración e incertidumbre. También es una exposición, a veces algo reiterada, de traumas psicológicos, soledad devastadora, y principalmente, del miedo en que parecen estar sumergidos los personajes centrales.
Puede que el lector piense antes de leerla, que el tema del narcotráfico se encuentra ya saturado, e incluso agotado de tanto ser abordado por otros escritores. Esta inquietud se la preguntamos a Vázquez, quien estuvo presente en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Miami.
“Es probable que el tema, desde una cuestión puramente comercial, se encuentre saturado”, expresó. “Pero a mí eso no me preocupa, no escribo con el mercado en mente. Creo que toda novela responde a un conflicto y el conflicto relacionado con el narcotráfico ha marcado la vida, tanto a nivel colectivo como individual, de todos los colombianos. Ahora está ocurriendo en México, donde se produce mucha literatura basura sobre el tema, pero también aparecen obras de una gran calidad literaria.




























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