Miembros de la oposición dentro de Cuba rechazaron abiertamente los términos de una carta emitida recientemente por representantes de la jerarquía de la Iglesia Católica cubana en apoyo al cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana.
La carta fue firmada por obispos y vicarios del Concejo Episcopal de La Habana. En tres párrafos, el texto denunció la existencia de una campaña de descrédito contra el cardenal Ortega y sus esfuerzos por mejorar la situación nacional.
Martha Beatriz Roque, portavoz de la ilegal Red Cubana de Comunicadores Comunitarios (RCCC), declaró que los cuestionamientos sobre el rol del cardenal Ortega tienen que ver con hechos concretos. Negó que las críticas del movimiento disidente sean mal intencionadas.
Simplemente creemos que el diálogo que ha encabezado Ortega no se hizo con dignidad ni siguió la doctrina de Cristo, porque si fuera así todos seríamos iguales en ese proceso de diálogo, manifestó Roque en una entrevista telefónica a El Nuevo Herald. La jerarquía católica agachó la cabeza ante el régimen y le ha dado la espalda a la oposición.
Bajo el liderazgo de Ortega y con el respaldo del gobierno español, la Iglesia Católica y el gobernante Raúl Castro iniciaron una ronda de encuentros históricos y de largo alcance en mayo del 2010. La disidencia no fue invitada a participar en ese diálogo pese a las reiteradas solicitudes de los opositores pacíficos.
El resultado fue la excarcelación progresiva y condicionada de más de 130 prisioneros, entre ellos, 52 activistas y periodistas independientes del Grupo de los 75, condenados en el 2003 durante una ola represiva conocida como la Primavera Negra.
La mayoría debió salir directamente de la cárcel hacia el aeropuerto, rumbo a España.
El destierro generó que más de un centenar de disidentes como Roque y Jorge Luis García Antúnez, Guillermo Fariñas y Vladimiro Roca enviaran, en agosto del 2010, una carta abierta al papa Benedicto XVI para protestar en duros términos por el papel de la jerarquía eclesiástica.
Un año después, el Papa anunció la decisión del Vaticano de mantener en su cargo al cardenal Ortega, quien había presentado su renuncia el 18 de octubre, al cumplir 75 años. Recientemente los cuestionamientos sobre el papel de Ortega y su manejo de la situación de los presos y los derechos de la sociedad civil se intensificaron. En un foro realizado el 24 de abril en el Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller, de la Universidad Harvard, en Cambridge, Massachusetts, Ortega calificó de delincuentes a 13 opositores del ilegal Partido Republicano por Cuba (PRC).
El grupo ocupó un templo habanero y fue sacado del lugar a golpes, empujones y patadas, según Vladimir Calderón, director del PRC. El desalojo se realizó poco antes de la visita papal, a fines de marzo.
Calderón declaró a El Nuevo Herald el sábado que el contenido de la carta de apoyo de los obispos al cardenal Ortega desnaturaliza la posición de la disidencia interna.
Los firmantes de la carta de apoyo son seis miembros del Consejo Episcopal. Incluye a los obispos auxiliares monseñor Alfredo Petit y Juan de Dios Hernández. También aparecen los vicarios episcopales monseñor Carlos Manuel de Céspedes, Ramón Suárez Polcari y Rodolfo Loiz.





























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