Hasta ahora, son pocos los visitantes que se fijan en la pirámide de vidrio y acero que cubre el patio interior de Vizcaya y sobresale sobre la gran fachada de estilo italiano del palacio como una nave extraterrestre.
Pero eso no siempre estuvo allí.
La polémica instalación en 1986 de la pesada telaraña de vigas negras y vidrio coloreado produjo un marcado cambio en el aspecto y el estilo de la fastuosa residencia invernal del industrial James Deering, construida en 1916. Hasta entonces, había estado abierta a los elementos subtropicales del sur de la Florida, un clima que resultó no ser tan benigno para un museo público repleto de valiosos muebles y obras de arte de varios siglos de antigüedad.
Ahora, el viejo tragaluz, lleno de goteras y que ya no cumple el código de construcción, va a ser removido y reemplazado por un baldaquino más ligero, más luminoso y menos abultado, que según los administradores de Vizcaya será una drástica mejora con respecto al detestado original.
Todo será gracias a nuevos materiales y una ingeniería más moderna, que permitirán el uso de columnas y vigas más delgadas, así como paneles más grandes de vidrio que dejarán entrar mucha más luz diurna mientras que protegen contra el calor y la radiación ultravioleta. El resultado, según sugieren los bocetos arquitectónicos, será una estructura que llamará mucho la atención, pintada además en un evanescente blanco atardecer en lugar de un negro sombrío.
Vamos a usar la tecnología para que el tragaluz abulte lo menos posible, dijo el director ejecutivo de Vizcaya Joel Hoffman, de pie en medio del patio interior mientras a su alrededor trabajadores sacaban carretillas de tierra de los canteros y ensamblaban andamios preparando el sitio para desmantelar el baldaquino viejo.
El reemplazo del tragaluz, que se espera cueste más de $2.7 millones, culmina una renovación de años y $50 millones del Monumento Histórico Nacional, que es propiedad pública. El mismo ha visto las deterioradas estatuas italianas del siglo XVIII de su exterior limpias y reparadas, los jardines rediseñados y replantados, la construcción de un nuevo y flamante café y una tienda de regalos en la sala de billar de Deering en el sótano, y menos visibles, pero no menos significativas reparaciones estructurales y mejoras, muy necesarias, de los sistemas de electricidad, de alarma de incendios y de alarma de seguridad.
La mayor parte del costo de la renovación ha sido cubierta por bonos del Condado Miami-Dade aprobados por los contribuyentes, además de fondos federales complementarios para reparar los daños del huracán Wilma del 2005, el cual generó crecidas que inundaron el sótano de Vizcaya y destruyeron el viejo café.
La Agencia Federal de Manejo de Emergencias cubrirá además $1.4 millones del reemplazo del baldaquino bajo un programa que ayuda a instalaciones públicas a cumplir con los códigos para huracanes, y el resto proviene de la recaudación de los bonos condales.
Desmantelar el viejo tragaluz e instalar el nuevo, una labor de cuatro meses cuyo fin se ha fijado para septiembre, necesitará de una elaborada coreografía. La meta: proteger los elementos arquitectónicos del patio y del interior de la mansión, al mismo tiempo que se mantienen abiertos el museo y los jardines a los visitantes y para realizar eventos especiales, los cuales son la principal fuente de ingresos para la operación de esta institución condal.





























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