La súplica que escuchaba parodiaba la frase del famoso Chapulín Colorado ante la necesidad de ser auxiliados. “¡Oh!¸ y ahora a mí y a los que tienen más de 70 años ¿quién podrá ayudarnos?”. No era yo -que bien puedo caer en la categoría- si no que se trataba de una asidua lectora de esta columna -a quien sin saber que lo era- encontré en la banda de equipaje de mi querido Aeropuerto Internacional de Miami, donde paso más tiempo que en mi casa por tantos viajes.
“¿Podrías ayudarme con las maletas? Ya no tengo fuerzas para sacarlas del carrusel y aquí no hay personal que ayude a uno, a no ser que sean ustedes, los generosos compañeros de viaje”.
De inmediato, por supuesto que lo hice y saqué las tres maletas que traía de regreso -de un viaje al norte de los Estados Unidos- de aquella banda donde su equipaje llevaba dando vueltas y vueltas sin que nadie viniera en su auxilio.
“Pedí ayuda a dos hombres que iban empujando una góndola de esas donde se ponen muchas maletas, me dijeron que ellos no se ocupaban de eso, que tenía que buscar sky caps de los que están en la zona de la salida. Pero ¿cómo hacerlo si yo estoy en la zona de llegada? No me respondieron y se fueron, mientras uno decía al otro: “Vamos por un cafecito”. Usted tiene que escribir esto que sucede aquí en el aeropuerto de Miami y de lo que no se enteran las autoridades”.
Salí de inmediato en defensa de José Abreu y le digo que de saberlo él, aquellos desconsiderados empleados serían amonestados por no saber lo que significa ser un buen samaritano.
“Hay ayuda -me explica- para las personas que requieren de una silla de ruedas, pero para los que tenemos más de 70 años y que más o menos tenemos salud para movernos por nosotros mismos, pero que nos faltan las fuerzas para halar maletas, sí que no la hay. Le voy a explicar más: tengo artritis, me duele el cuerpo, eso no me incapacita, solo complica hacer ciertos movimientos que podía realizar hace unos años, como por ejemplo, ir a rentar un carrito de esos para el equipaje”.
“Con las maletas fuera de la banda, -me sigue contando la mujer- ¿cómo las saco hasta los taxis? Traté de ir por un carrito, puse el dinero y a la hora de sacarlo de donde están colocados no pude hacerlo porque me faltaban las fuerzas. Entonces alguien tiene que pensar por nosotros que tratamos de seguir haciendo nuestra vida diaria como cuando teníamos 50 o 60 años. Después de los 70 las cosas son complicadas y sin ayuda, mucho peor”.
Decido hacer mi buena obra del día y voy a traerle un carrito de alquiler. Efectivamente noto que sacarlo de donde se encuentran requiere de fuerza en las manos y brazos, la misma fuerza que falta cuando se tiene artritis. Pero la anécdota con esta señora me lleva a otra reflexión: ¿Por qué esos desconsiderados no ayudaron a una persona mayor que se los pedía? Seguramente porque, al igual que muchos otros con juventud, no les importa por ahora esa ley de la vida que dice: como me ves… algún día te veras.•























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