Con el recuerdo de los aplausos que recibiera en la Opera Comique de París por su actuación como la Elvira de La mudita de Portici, de Auber, aún fresco en sus oídos, la diva cubanoamericana, Eglise Gutiérrez, ha encontrado un paréntesis en su apretada agenda internacional para ofrecer el sábado 9 un recital acompañada al piano por Elaine Rinaldi, directora de la Orchestra Miami.
“Voy a incluir ocho piezas nuevas para mí”, adelanta sobre el programa de esa noche. “No me gusta cantar siempre lo mismo. He tenido tanta carga de trabajo que he aprendido esto en poco tiempo; pero son tan bellas que quiero compartirlas con el público, al que seguro le va a gustar mucho”.
Con una sonrisa, agrega: “Me encanta venir a Miami, no solo porque el público me acoge siempre muy bien, sino porque aquí vive mi familia. Aunque mi mamá ha estado viajando conmigo para ayudarme con mi niña, Lucía, aquí está mi papá, mi abuelita, tíos, primos…”, comenta la diva nacida en Holguín. “También aquí tengo muchos amigos y a uno de mis queridos profesores de canto, Manny Pérez, a quien debo mucho”.
Gutiérrez insiste en que este recital: “Es un reto para mí, pero a me encantan los retos. Quizá sea una locura”. Aunque aclara que el programa también incluye obras españolas y cubanas, porque “lo cubano siempre va conmigo, donde quiera que esté”.
Pero no hay nada de locura en esta artista que es muy profesional en su trabajo y que, aunque a veces no se sienta satisfecha con una puesta en escena, prefiere no cancelar un compromiso. “En estos tiempos el director escénico es el que manda por encima de todo, y los hay muy brillantes, pero algunos, sencillamente, no tienen el talento necesario y lo que quieren es llamar la atención, sin tomar en consideración lo que dice el texto, ni a los cantantes”, comenta.
El último de esos retos a los que se refiere la soprano fue la mencionada ópera de Auber. “Cantar en francés es sumamente difícil. No es lo mismo hablarlo que cantarlo, pues la cadencia propia del idioma, más la enunciación de las vocales al cantar lo hacen algo complejo y hay que cuidar mucho la claridad”.
A pesar de las dificultades, Gutiérrez confiesa que se enamoró de la ópera francesa cuando en el 2005 interpretó en Sarasota el rol titular de Lakmé, de Delibes; actuación de la que aún se habla en el sur de la Florida. Su siguiente experiencia en francés fue Cendrillon, de Massenet, con la Opera de Santa Fe, donde hizo el importante papel del hada madrina, que disfrutó mucho porque “es un papel ideal para mi tesitura de soprano lírica de coloratura”.
A propósito de tesitura, acepta que, como suele suceder, el parto (hace un año y ocho meses) le ha ocasionado algún cambio en la voz. “Sí he notado algunos cambios. Noto la voz un poco más pesada, más grave, pero no le doy demasiada importancia, considero que es una etapa y que volveré a mi timbre anterior. Por eso sigo con el repertorio de coloratura, porque me sirve de ejercicio para mantener mi voz y mejorar mi técnica”.




























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