Opinión

DANIEL MORCATE: Purgas republicanas

 

Uno esperaría que, en su legítimo afán por volver a cortar el bacalao, los republicanos desplegasen un amplio arsenal de ideas para conquistar los corazones y votos que necesitan para el triunfo electoral. Sería particularmente apropiado ante la vulnerabilidad de un Barack Obama que preside sobre una economía tercamente estancada y anémica. Y sin duda no faltarán las propuestas conservadoras interesantes, aunque resulte difícil identificarlas entre la densa niebla de la demagogia barata y la propaganda estridente. Pero al menos una estrategia electoral que exhibe el GOP en varios estados “columpio” o swing states, como Colorado, Nuevo México y la Florida, dan vergüenza ajena. Me refiero a la antidemocrática purga de las listas oficiales de votantes “sospechosos” que, según todas las evidencias disponibles, va dirigida a electores de minorías y demócratas, es decir, aquellos que le dieron el margen de victoria a Obama en 2008.

En lo que constituye un ataque frontal a nuestra democracia, el gobernador de la Florida, Rick Scott, utiliza la poderosa maquinaria del gobierno estatal para depurar de las listas electorales a personas que supuestamente no son ciudadanas o no califican para votar por otros motivos, como el tener expediente criminal. “Lo que se quiere son elecciones justas donde vote la gente con derecho a hacerlo”, le dijo Scott a Univisión. Pero el gobernador actúa de manera sectaria y sin pruebas de que abunden tales electores fraudulentos. Los investigados son predominantemente hispanos, afroamericanos y personas de filiación demócrata. Para justificar esta maniobra, su gobierno desinformó en un principio sobre la cantidad de votantes sospechosos, diciendo que ascendían a 182,000. Luego, ante las indagaciones periodísticas, redujo dramáticamente la cifra de los investigados. Y posteriores pesquisas, hechas precisamente por periodistas, revelaron que la inmensa mayoría de los votantes cuestionados en realidad sí califican para sufragar. Con risible patetismo, comentaristas adeptos al GOP destacan como supuesta prueba del “fraude” algunos casos aislados de votantes indebidos, cuyo número resulta estadísticamente insignificante. Hasta ahora se habla de dos.

Por desgracia, la cacería de brujas electorales podría haber causado ya un daño irreparable al proceso democrático en la Florida al menos en los comicios que se avecinan. Las autoridades estatales enviaron cartas cuestionando las credenciales electorales de miles de floridanos. Muchos probablemente se sentirán intimidados para responder o ir a votar. Otros difícilmente se tomarán el trabajo de demostrar que son votantes legítimos en el plazo de 30 días que les dan para hacerlo. Unos pocos, como Bill Internicola, han reaccionado con justa indignación. Internicola tiene 91 años y es héroe de la Segunda Guerra Mundial. Pero nada de eso libró al veterano afiliado al Partido Demócrata de recibir en su casa de Broward esta notificación: “Usted no es ciudadano de EEUU; sin embargo, está inscrito para votar”. Organizaciones de derechos civiles estudian casos como el suyo para determinar si procede demandar al gobierno estatal.

Con lamentable retraso, el Departamento de Justicia por fin le ha ordenado al gobierno de Scott que cese de purgar las listas de votantes. Al parecer, el secretario de Justicia, Eric Holder, temía que se le acusara de favorecer al presidente Obama y a los demócratas si actuaba. Los supervisores de elecciones de algunos condados floridanos también se han rebelado contra la purga, advirtiendo que carecen de recursos y tiempo para investigar a miles de votantes. Solo Scott y sus adláteres, en el momento en que escribo estas líneas, insisten con obstinación en que están “actuando por el bien de los votantes legítimos”. ¿Será que solo consideran legítimos a quienes votan por su Partido Republicano?

La depuración de las listas electorales no es la única táctica antidemocrática que utiliza el Partido Republicano en esta contienda. Otra es colocar trabas a las campañas para inscribir votantes nuevos. Un juez federal acaba de anular algunas de esas trabas. El GOP debería acatar su decisión. Y también la orden del Departamento de Justicia de cesar de hostigar a los votantes. Si no confía en sus ideas, propuestas y candidatos para ganar en noviembre, entonces es muy probable que el GOP no se merezca la victoria.

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