Saludos cariñosos para Rick Scott, el pálido gobernador republicano que ha tenido otra semana de lucha. Animo gobernador que le tenemos un regalito: una matrícula para un campamento de verano.
Estoy segura que la mayoría de los que vivimos en la Florida de Scott, mundialmente conocida por su sol, sus zombis y elecciones que acaban en la Corte Suprema, estamos dispuestos a meternos la mano en el bolsillo para pagarle al gobernador unos cursillos de verano. Podría tomarlos en la universidad FSU que le queda a un paso de la mansión estatal, tan sólo tiene que cruzar la calle.
Eso sí, Scott debería tomar clases sobre las constitución estatal y federal porque aunque Scott no lo crea ambos documentos tienen cierta relevancia en el manejo del gobierno de Florida. Un gobierno que dicho sea de paso se sostiene con unos $70,000 millones anuales que salen de nuestros pobres bolsillos.
Desde el punto de vista del contribuyente, creo que aún con el agua al cuello, hay que reconocer que costearle los cursillos de verano al gobernador sería una buena inversión porque al paso que va, Scott nos va a arruinar a todos menos a los abogados que le defienden de las múltiples demandas que está enfrentando.
La última de las querellas tiene una historia bien curiosa y fue presentada esta semana en la corte federal de Miami por la empresa brasileña de nombre imposible de pronunciar. ¿Recuerdan la ley estatal para castigar a empresas que negocien con Cuba que el propio Scott calificó como de inapropiada pero que luego firmó en un acto en la Torre de la Libertad?
Esa es la ley que está siendo cuestionado en la corte como inaplicable e inconstitucional. Y el principal abogado del bufete que representa a la empresa brasileña es precisamente un abogado cubanoamericano, Raúl Cantero, el primer y único cubanoamericano que se ha sentado en la Corte Suprema de la Florida. Cantero, madrileño de nacimiento, es también nieto del general Fulgencio Batista, quien fue derrocado por la revolución de Fidel Castro en 1959.
Pero llegan más, como en la canción de Willy Chirino, más demandas. Otra de las batallas que arreció esta semana fue la de las purgas del censo electoral. El gobernador se niega a acatar una orden del departamento de Justicia de EEUU, buscándose otro enfrentamiento en la corte por el que tendremos que pagar por más abogados.
En el fondo de esta polémica está el bulo inventado por el gobernador de que había más de 182,000 votantes ilegales en la Florida. La mentira recorrió el estado sembrando indignación, pánico y xenofobia. Ahora resulta que aquí en Miami-Dade, el condado más poblado y con más inmigrantes, sólo encontraron un total de 13 votantes inscritos que no son ciudadanos. Dos de ellos votaron y están bajo investigación por ese presunto delito. El departamento de Justicia le recordó a Scott que la ley federal prohíbe la depuración de listas de votantes 90 días antes de elecciones. Las próximas elecciones son el 14 de agosto. Pero Scott insiste en continuar la purga de los registros electorales e ignorar el calendario.
Animo gobernador, ya queda poco. Pronto podrá darse el gustazo de decirle a sus nietos “cuando yo era gobernador de la Florida”, algo que le ha costado bien caro a usted y a casi todos nosotros.
Por El Amor de Una Mujer
Aplausos a Maurice Ferré por inyectar una buena dosis de suspenso y romance a nuestra política local. “Yo quiero mucho a Miami pero quiero más a mi esposa Mercedes”, fue la frase romántica con la que el veterano político explicó porque —de la noche a la mañana— dio marcha atrás en su ya anunciada decisión de postularse en las próximas elecciones al escaño de la comisión de Miami-Dade, el que ya ocupó entre los años 1993 y 1996.
Ferré, quien fue alcalde de Miami por 15 años y ha sido representante estatal y candidato al congreso federal, no puede evitar la política, la lleva en la sangre. Al inicio de la tan breve carrera electoral, me contó que un domingo por la tarde su bella y elegante esposa le dio “permiso” para esta última aventura política. Pero el lunes cuando despertó, se dio cuenta que Mercedes no había pegado el ojo angustiada con la perspectiva de su regreso a la política, y por eso Ferré desistió. Más aliviado aun que Mercedes debió de sentirse Xavier Suárez, el comisionado del distrito contra el que iba a pelear Ferré. Al retirarse Ferré, Suárez fue reelecto por falta de oposición.



























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