Mi mamá no hizo nada especial para que yo entrara en el ISA [Instituto Superior de Arte de La Habana]. Fui yo quien eligió un texto de la Teatrova que estaba en la casa y me presenté al examen. Nadie lo sabía. Nunca me ha dado consejos de la profesión. Ella dice que cuando me ve en escena le importa que no me caiga y que no se me olvide la letra, pero no puede ser imparcial ni juzgarme.
Mi papá, Rolen Hernández, es poeta y actor. Como poeta publicó en [el suplemento cultural] El Caimán Barbudo, en la antología Novísimos y como actor, trabajó, entre otros, con Pepe Santos, en el Teatro Experimental de La Habana, Extramuros y en el grupo Los Doce, de Vicente Revuelta. Si vas al [blog] El Archivo de Connie en la Internet y buscas el programa de Peer Gynt, está allí. Todavía trabaja y está activo, lo que pasa es que desgraciadamente no todos los grupos tienen publicidad.
¿Cómo es la vida de una actriz hoy día, 2012, en La Habana? Cómo se sobrevive, cuáles son los obstáculos?
La vida de una actriz es la de de casi todos los cubanos, ya que el 99 por ciento de la población, incluidos los profesionales, tiene muchas dificultades con el transporte, las carencias materiales que ya sabemos. Pero seguimos haciendo teatro.
¿Es más libre el teatro cubano hoy? ¿Se autocensuran los actores?
El verdadero y buen teatro se hace siempre en libertad. No por gusto [Eugenio] Barba ha hablado de la patria del teatro, un terreno a conquistar, una tierra de nadie que en casi todas partes lleva una vida marginal y funciona en las periferias. Hay un teatro aceptado y oficial, pero hay otros escondidos, invisibles o amenazados. Me emociona mucho un texto de Lorca: ‘Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro’. No vale silbar desde las ventanas.
Sé que el grupo de teatro El Público trabaja en un local sin aire acondicionado. ¿Continúa esta situación? ¿Ven perspectivas de una mejoría?
El Trianón –que es la sede del grupo– se remozó el año pasado. Por mucho tiempo tuvo muchos problemas de infraestructura y el público soportó veranos intensos y no lo abandonó.
¿ Qué planes tienes en cuanto a la carrera? Películas, obras de teatro, etc?
No me gusta adelantar lo que tengo entre manos porque los directores y los proyectos cambian o no se realizan. Me gustaría, lo he dicho antes, trabajar con Almodóvar o Rodrigo García, repetir con [los directores cubanos] Fernando Pérez, Enrique Pineda, Ismael Perdomo y hacer buen teatro como el que he hecho con Roberto Blanco, el Teatro Gala de Washington, José Antonio Rodríguez y Flora Lauten.
¿Cuáles son las figuras que están cambiando el mundo de la actuación, el cine y el teatro en Cuba en la actualidad? ¿Por qué?
Hay muchas figuras jóvenes y actores de otras generaciones buscando su camino. En la actualidad creo que no estamos cambiando nada. Más bien, todo, con algunas excepciones, es bastante convencional.
Como mujer, ¿has encontrado obstáculos en tu carrera más allá de los que hubiera encontrado un actor hombre?
No lo creo.
Veo que tienes un blog, y que comentas algo del documental ‘Anna’, de Nikita Mikhalkov. El problema de Anna es que no tiene patria, al menos no como la conoció un día. ¿Cuál es tu idea de patria?
La idea de la patria no es estática. La patria va con uno como el caracol con su concha a cuestas. Es mejor sentir que uno puede pertenecer a la tierra y la especie humana o puede vivirse como Anna. El blog se llama Viajera inmóvil y cuando tenga tiempo, lo retomo.
Has dicho alguna vez que eres una mujer ambiciosa, que lo quieres todo? ¿Cuál es ese “todo”? ¿Se puede tener ese todo en Cuba?
No se puede tener todo en ninguna parte porque la insatisfacción es permanente y también el deseo de buscar cosas nuevas.
¿ Por qué razón se queda una actriz como tú, que viaja al extranjero y regresa, viviendo en Cuba? ¿No es una suerte de ruleta rusa? ¿Hay futuro para tu hija allí? ¿Qué hace ella?
Las razones de irse o de quedarse son tan personales que no caben en las tres líneas de una entrevista. Debería ser lo normal. Cada persona debería tener el derecho de viajar a donde quisiera por el tiempo que desease o le permitiera su bolsillo. Mi hija tiene 19 años y decide por ella misma, como me enseñaron a mí. Ahora se prepara para el examen de ingreso a la Universidad después de estar cuatro años en una escuela tecnológica que a la larga no le gustó. También escribe y ha hecho una pequeña incursión en el cine.




























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