Es significativo que el día antes de reunirse con las Damas de Blanco, el cardenal Jaime Ortega se hallara en el acto de la emisión de un sello postal conmemorando la visita del Papa a la isla, en el que aparece Su Santidad Benedicto XVI junto a Raúl Castro. Presentes en la celebración también estaban representantes del alto clero y de la dictadura.
Las relaciones de acomodo y ayuda mutuas entre el cardenal Ortega, el Nuncio –que sigue instrucciones de la Curia romana–, y Raúl Castro son cada vez más visibles. Y es por esta estrecha relación oportunista que el Papa, guiado por Bertone y el cardenal cubano, no se reunió con las Damas de Blanco ni con ningún otro grupo de la sociedad civil, y sí con Fidel Castro.
El escritor George Weigel, en su artículo Benedict XVI in Cuba, publicado en el National Review Online el 5 de abril de 2012, nos aclara:
“La re-italianización de la Curia Romana bajo el Secretario de Estado de Benedicto XVI, el cardenal Tarcisio Bertone, SDB, debe ser críticamente examinada antes de que un nuevo Papa sea elegido… Lo que la visita a Cuba sugiere es que la re-italianización ha traído consigo un retorno a la perspectiva internacional del difunto cardenal Agostino Casaroli, arquitecto de la fracasada estrategia del Vaticano de “salvar lo que podía salvar” detrás de la Cortina de Hierro, lo que significaba lograr acomodamientos con los regímenes comunistas. Esa estrategia no sólo fue un fracaso político, sino que creó enormes obstáculos para la misión evangelizadora de la Iglesia en las sociedades libres que se habían sacudido el yugo comunista. Aunque la prudencia sigue siendo una virtud política importante, la prudencia no se puede equiparar con el apaciguamiento, como la historia ha enseñado una y otra vez… La estrategia de Casaroli… parece que fue la que se utilizó en la visita papal a Cuba… de ahí la respuesta torpe del padre Federico Lombardi a los periodistas al final de la visita, afirmando que Benedicto XVI tuvo que jugar con las reglas de juego establecidas… Benedicto XVI ha sido mal atendido [orientado y guiado] durante su pontificado”.
Añado que Su Santidad actuó inocentemente en Cuba dejándose guiar por Bertone, el cardenal Jaime Ortega, el Nuncio y quizá otros miembros del clero habanero. Ese mismo Ortega que recibió a las Damas de Blanco fue probablemente el que le aconsejó a Bertone que el Papa no se reuniera con las Damas de Blanco. Esas son “las reglas del juego” a las que se refiere Weigel, y que como él mismo nos recuerda, no obedeció Juan Pablo II en 1983, cuando Polonia estaba bajo la ley marcial por las demostraciones callejeras de la disidencia polaca. El régimen de Jaruzelski dio a entender que estaba listo para negociar con la Iglesia Católica el futuro de Polonia. Pero Juan Pablo II se negó insistiendo en que la naciente sociedad civil, incluyendo organizaciones como Solidaridad, tenían su integridad que la Iglesia estaba obligada a respetar y apoyar. No habría negociación alguna, dejó saber Juan Pablo II, si se dejaba fuera a Solidaridad. La Iglesia, como lo requiere su Doctrina, apoyaría a la sociedad civil.



























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