Sur de la Florida

Llegó la hora de la verdad para el Heat

 
 

 
 
Elise Amendola / AP

jebro@elnuevoherald.com

La montaña de elogios no hace otra cosa que crecer delante de LeBron James.

“Solo espero que Estados Unidos aprecie la actuación de este chico”, dijo Magic Johnson.

“Estuvo absolutamente imponente…y contagioso”, expresó el coach Erik Spoelstra.

“Es uno de los mejores que ha visto esta liga en todos los tiempos”, indicó Chris Bosh.

Dwyane Wade, sin embargo, tuvo la frase más feliz: “Lo mejor que hicimos fue apartarnos de su camino”.

La lista de quienes se suben al carro de las alabanzas parece no tener fin, pero James sabe que esa actitud podría durar lo mismo que la edición más bella de este periódico si este sábado el Heat no asegura su pase a la Final de la NBA: 24 horas.

Desde que prometiera los múltiples títulos a su llegada a Miami, James ha vivido bajo un escrutinio feroz que examina cada disparo, cada movimiento, por qué tomó esta decisión, por qué uso tal palabra y, sobre todo, cuándo llevará al Heat a la tierra prometida de la NBA. Si el King no deposita a su equipo frente a frente contra Oklahoma City, su reputación recibirá un potente varapalo, y nadie recordará su faena heroica del jueves.

Así de ingrata es la realidad de James, a quien se le pide ahora –al menos en el ideario de esta ciudad- que duplique o al menos se acerque a esos 45 puntos, esos 15 rebotes y cinco asistencias que hicieron lucir viejos y gastados a los Celtics. ¿Pero podrá? ¿No será víctima de la sombra que proyecte su faena histórica sobre ese séptimo partido de este sábado?

“No voy a lamentar [lo que suceda] en el séptimo juego”, recalcó James. “Gane, pierda o empate, voy con la misma mentalidad que he tenido toda la temporada. Y ya veremos qué pasa”.

En el fondo y aunque no lo reconozca públicamente, James no quisiera ni pensar en otras vacaciones adelantadas, en otro verano más sin trofeo ni desfile épico por Biscayne Boulevard. Si Miami no gana en el mayor escenario de la liga, sus tres estrellas habrían desperdiciado dos de los cuatro años que garantizan su membresía en el Heat. De ahí en adelante nada está escrito en piedra. Ni siquiera lo que ocurra el sábado

Esta es una serie que ha desafiado toda lógica. Si al principio la mayoría daba como favorito a James y compañía, tres victorias consecutivas de Boston hicieron inclinar la balanza del otro lado, y cuando el Heat emprendió camino al TD Garden no pocos expertos se llenaron la boca para proclamar el ocaso anticipado del mega proyecto ideado por Pat Riley hace apenas dos años.

Por esta vez, la historia y la estadística pudieran alinearse del lado de James y Miami. En las 110 ocasiones previas que se llegó a un séptimo desafío los equipos de casa avanzaron en 88 ocasiones. Por otra parte, será la séptima ocasión en los últimos cinco años en que los veteranos de Boston han disputado un choque final de vida o muerte. El record en esos seis anteriores: 4-2.

“Ambos equipos saldrán a jugar con un elevado sentido de urgencia”, afirmó Spoelstra. “Nos ganamos el derecho de jugar en nuestra cancha. No tomamos eso como una garantía. Tendremos que competir al mismo nivel de urgencia de la noche anterior [el jueves]. Probablemente, tendremos que derrotarlos [a los Celtics] en su más alto nivel”.

Es de esperar que el sábado Rajon Rondo no pierda siete balones, ni que Paul Pierce erre disparo tras disparo de manera tan miserable, ni que Kevin Garnett baje los brazos. Tampoco debe contarse con que el técnico Doc Rivers pierda el pulso de su equipo. Los actuales herederos de Bill Russell y Larry Bird no se irán –tal vez en su último choque juntos- sin dar la batalla a muerte.

Y más allá de la pregunta acerca de la capacidad de James para duplicar su esfuerzo, la interrogante que flota en la Arena AmericanAirlines gira en torno a Wade y el resto del reparto. Después de todo, por muy grandes que sean sus talentos, él solo no derribará las puertas de los rivales, llámense Celtics o Thunder. Al menos no todas las noches. La ayuda debe llegar de otras partes, de otros cuerpos.

Por encima de los números, James debe traer consigo la misma actitud, la misma agresividad, el mismo liderazgo que aturdió a Boston y silenció a su fanaticada. De lo contrario, donde contempló esa montaña de elogios se abrirá un abismo de dudas.

Esa es la crueldad del mundo que habita LeBron James.

Más de Sur de la Florida

El Nuevo Herald

Súmese a la
discusión

el Nuevo Herald tiene el gusto de ofrecerle la oportunidad de compartir información, experiencias y observaciones sobre las noticias que cubrimos. Los comentarios que haga pueden ser publicados tanto en nuestro sitio en línea como en el periódico. Lo invitamos a que participe en un debate abierto sobre los asuntos del día y le pedimos que evite el uso de palabras obscenas, frases de odio, comentarios personales y se alamientos que puedan resultar ofensivos. Gracias por ofrecernos sus opiniones.

el Nuevo Herald utiliza una aplicación de Facebook para su sistema de comentarios. Usted debe ingresar con su cuenta de Facebook para hacer comentarios en nuestro sitio. Si tiene preguntas acerca de cómo hacer comentarios usando su cuenta de Facebook, haga click aqui.

¿Tiene información noticiosa que compartir con nosotros? Haga click aqui para enviarnos su información o inscríbase para participar en la red de Public Insight Network, que le permite convertirse en una fuente de información para el Nuevo Herald y The Miami Herald.

Esconder Comentarios

Esto afectará los comentarios en todas las historias.

Canceler OK
  • Videos