Un discurso populista y una política de desestabilización sistemática contra los gobiernos democráticos, hicieron posible que Evo Morales ganara la presidencia e impusiera en poco tiempo una dictadura institucional en Bolivia.
El diputado Morales y ex candidato presidencial es un líder cocalero que supo asociarse a factores nacionales que le asistieron en sus planes de conducir a Bolivia a la ingobernabilidad, pero lo que le resultó beneficioso, fue su asociación con Hugo Chávez, que le facilitó recursos para mantener los agitadores de oficio que condujeron al paísal caos y la dictadura de los hermanos Castro, que le transfirió información y conocimiento necesario para lograr sus fines.
Las marchas, contramarchas y la violencia que promovía Morales colocaron a la nación al borde del abismo. Una fuerte campaña contra los partidos políticos y las figuras públicas erosionaron el control del ejecutivo, lo que determinó que el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada renunciara y que su sucesor, Carlos Mesa, hiciera otro tanto.
Morales no perdió tiempo, aprovechó el vacío de poder y el peligro que enfrentaba el país de padecer una guerra civil, para presentarse como el salvador de la nación y ganar las elecciones de diciembre del 2005. Sin embargo, su promesa de refundar el país debió alertar a los electores, porque cuando un iluminado considera que hay que partir de cero y construirlo todo de nuevo, la experiencia ha demostrado que es en realidad un autócrata que busca imponer su voluntad sobre los derechos de los otros.
El flamante mandatario apresuradamente se sumó al exclusivo grupo que promueve el Socialismo del Siglo XXI por medio del despotismo electoral. Propuso y logró la aprobación de una constitución que permite la reelección consecutiva por una sola vez; no obstante, ya se proyecta reformar la cláusula para que se presente en los comicios del 2014, como es ya tradicional entre los gobernantes que integran la Alianza Bolivariana de las Américas.
La continuidad en el gobierno, junto a una constante campaña de descrédito de los partidos políticos, de los liderazgos públicos emergentes, amenazas y chantajes a las clases productivas y el control e intimidación de la prensa, le permite a Morales disfrutar de más poder que ningún otro mandatario electo en la historia del país, a la vez que cuenta con la posibilidad de perpetuarse legalmente en la presidencia sin tener que recurrir a un golpe militar.
La unidad y el respeto ciudadano prometido por Morales se transformó en sectarismo y persecución a los enemigos políticos, en consecuencia el número de exiliados y presos políticos no tiene precedentes. El derecho a disentir es reprimido y el sistema judicial es una herramienta a disposición del mandatario.
Por otra parte, el presidente, al igual que sus pares del ALBA, ha iniciado una campaña de nacionalismo extremo en la que el enemigo escogido fue Estados Unidos, a la vez que instrumentó una estrecha alianza con Venezuela, Cuba e Irán.
Las Fuerzas Armadas han perdido mucho de su independencia. Miembros del Alto Mando Militar y de la Policía Nacional violaron los artículos 245 y 251, que prohíben a militares y policías realizar actividades políticas, cuando asistieron al último congreso del Movimiento al Socialismo.
Los militares, cuyos predecesores vencieron a las guerrillas invasoras que patrocinó el gobierno de Cuba, han usado la consigna castrista de Patria o Muerte, una afrenta a los soldados que murieron combatiendo a Ernesto Guevara.
En la apertura del congreso partidario Morales fue sincero y dijo: “Los antiimperialistas, los anticapitalistas, los antineoliberales hemos llegado al Palacio no como inquilinos, llegamos para siempre, y eso hay que debatir ahora en nuestro congreso”.
Sin embargo, a pesar del control político y la ausencia de prácticas democráticas en las instituciones de la nación y la sociedad, Morales no ha logrado establecer el control que necesita para perpetuarse en el poder, porque en alguna medida está recogiendo el fruto de las tempestades que sembró durante los gobiernos que le precedieron.
Las propuestas de Morales están sufriendo un serio desgaste, lo que ha motivado que en el Partido se hayan producido deserciones, entre ellas la de uno de sus fundadores, el ex líder minero Filemón Escobar.
Amplios sectores de la sociedad critican los niveles de corrupción, la presencia del narcotráfico, los abusos de autoridad, el sectarismo, y hasta numerosas comunidades indígenas manifiestan su rechazo al gobierno, porque este no ha sido capaz de resolver sus problemas.
Morales el justiciero es otro fraude más del Socialismo del Siglo XXI.
Periodista de Radio Martí.


























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