El pasado martes 5 de junio, fue otorgado en España el premio Príncipe de Asturias de las letras al novelista norteamericano Philip Roth. Cronista de la derrota y la decepción, con una escritura fluida e incisiva, Roth forma parte de la gran tradición estadounidense de escritores empeñada en explicar la compleja realidad. Los críticos lo incluyen entre los mejores autores de la pasada centuria y uno de los cuatro escritores vivos más importantes del mundo.
Con una pluma que puede resultar amarga, pero combativa y alineada con los débiles, Philip Roth habla de los problemas de identidad de las minorías, sus incertidumbres, y el miedo de millones de seres anónimos, al margen del sueño americano. Sus obras reflejan la otra historia de América. En Me casé con una comunista, narra la cacería de brujas de la era de McCarthy; en La mancha humana, los escándalos del mandato de Clinton; y en Sale el espectro, los desastres del gobierno de Bush. Roth explora también en sus novelas el sexo, la enfermedad, la vejez y la muerte.
A la larga lista de premios que atesora, Roth ha agregado uno más, el Príncipe de Asturias, por desvelar el lado gris –o menos amable– de la vida.
Pablo Llabre Raurell
Miami





























Mi Yahoo