El experto en tiburones de la Universidad de Miami, Neil Hammerschlag, ha capturado y marcado más de mil tiburones en su carrera investigativa, de modo que ha tenido que manipular algunos bien grandes a lo largo de los años.
Pero pocos se comparan al que atrapó esta semana junto a un acantilado cerca de Islamorada en los Cayos de la Florida.
Con un peso de entre 800 a 1,000 libras, está entre los tiburones sarda más grandes de que se tenga noticia, ya que está por encima del récord oficial de pesca en por lo menos 100 libras.
La presencia de un depredador tan grande y feroz en las aguas del sur de la Florida podría intimidar a los turistas y los pescadores submarinos, pero es una señal positiva para científicos como Hammerschlag, quienes se preocupan sobre la población en declive de tiburones, que son vitales para la salud de los sistemas marinos. Hembras grandes, como esta, son particularmente importantes, ya que su tamaño refleja su capacidad reproductiva.
Es una señal fantástica saber que todavía están ahí, dijo Hammerschlag, profesor adjunto de investigación de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas de UM. Este es el tiburón sarda más grande que he visto nunca.
No se considera que los tiburones sarda estén en peligro de desaparición inmediata, pero sus números han estado disminuyendo drásticamente en el Océano Atlántico y el Golfo de México. Como especie costera cuyas crías forrajean en las áreas poco profundas, bordeadas de manglares, de la Bahía de la Florida, enfrentan muchas presiones, entre ellas la pesca excesiva, la polución y la pérdida tanto de habitat como de su presa, dijo Hammerschlag.
Además, se les considera una de las especies más agresivas, justo por debajo de los tiburones blancos y los tiburones tigre en cuanto a ataques a seres humanos, según el Archivo Internacional de Ataques de Tiburones que lleva el Museo de Historia Natural de la Florida en Gainesville.
El gran tiburón sarda fue capturado como parte de un proyecto de sondeo de tiburones que Hammerschlag ha dirigido durante los últimos tres años en las aguas del Atlántico y el Golfo de los Cayos de la Florida. Un fin de semana sí y otro no, él y un equipo de investigadores salen a buscar tiburones con una serie de líneas de bidones especialmente diseñada para atrapar tiburones y soltarlos sin peligro.
El sistema incluye una boya o bidón sujeto a un lastre que lo mantiene fijo. De la boya cuelga un sedal de 75 pies de largo terminado en un anzuelo circular, diseñado para engancharse en la comisura de la boca en vez de puntos más profundos y vulnerables. El anzuelo tiene como carnada trozos de pescado, cuyo olor atrae a los tiburones, de sensitivo olfato, como si fueran sabuesos.
Una vez el tiburón pica, puede nadar sin peligro alrededor de la boya hasta que los investigadores puedan acercarse. Ellos lo mantienen cautivo sólo el tiempo suficiente para ponerle marcas de rastreo o identificación y tomar muestras de sangre y tejidos para determinar la salud de los tiburones y probar los efectos medioambientales tales como la contaminación de mercurio.




























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