El pequeño principado centroeuropeo de tan solo 35,000 habitantes, situado entre Suiza y Austria, ofrece atractivos naturales e históricos. Un destino “exótico” por su historia, e impresionante por su naturaleza, que se puede combinar con una visita a la región del Lago Constanza, un recorrido por el casco histórico de la ciudad medieval suiza St. Gallen o la región helvética de Appenzell, la suiza más rural y tradicional del país centroeuropeo, ideal para amantes de la montaña, el senderismo y la bicicleta.
Su limitadísima extensión de 160 kilómetros cuadrados en el valle el río Rin, contrasta con la variedad de propuesta que ofrece Liechstetein a sus visitantes.
Cuatro bodegas de vino, cinco museos de arte, filatelia e historia, una estación de montaña que se abre tanto en invierno y como en verano, además de 400 kilómetros de rutas señalizadas para montar en bicicleta o hacer senderismo, son algunas de las propuestas de ocio de este diminuto principado.
Cierto es que esta amplia oferta y actividad, siempre en relación con su tamaño, se explica por su renta per cápita, la mayor del mundo con más de 108,000 dólares por persona en el 2009, y el hecho de ser un centro financiero internacional. Estas cifras y el hecho de que el pequeño principado sea el último estado europeo donde el monarca tiene poderes reales, hacen que una visita a Liechstetein sea una interesante experiencia.
El castillo de Vaduz, residencia de los príncipes de Liechstetein, tiene unos 700 años y es, en la actualidad, el hogar de la casa principesca de este diminuto país, motivo por el cual no puede visitarse. Sin embargo, sí puede admirarse desde la carretera que lo rodea, y desde donde se consigue una bella vista con el río Rin de fondo. Cada 15 de agosto, además, en los jardines el Príncipe ofrece al pueblo, turistas incluidos, un agasajo con comida , bebida y un espectáculo de fuegos artificiales y, con un poco suerte, se puede incluso saludarle.
Un país especial
A pesar de su diminuto tamaño, la oferta cultural de la capital Vaduz sorprende para una “ciudad” de 5,000 habitantes. El Museo del Arte, situado en la calle peatonal de Vaduz, es una joya de la arquitectura moderna que incluye un restaurante de Sushi con un chef traido directamente desde Japón.
Suele ofrecer exposiciones de arte moderno así como, temporalmente, parte de la colección de cuadros del Príncipe Hans-Adam II, que posee una de las colecciones de Rubens, Rembrandt, y Van Dyck más extensas del mundo. No en vano se cree que esta familia real está entre las más ricas de Europa gracias a sus negocios en banca, propiedades rústicas y oras actividades.
Muy cerca se encuentran el Museo Nacional, interesante para conocer la historia del principado desde la época romana hasta la actualidad, y el Museo Filatélico de entrada gratuita. Este museo es especialmente relevante porque han sido las emisiones de sellos del principado uno de sus mayores negocios, algo que hizo famoso a este principado en épocas pasadas. La limitada tirada de los sellos y la alta calidad de los mismos, los hacen muy atractivos para coleccionistas. Son varias las oficinas de turismo y correos, así como tiendas de suvenires, las que venden sellos para coleccionistas en la calle principal de Vaduz.




























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