Dos recientes ediciones en DVD para el Tannhäuser wagneriano conllevan un desafío superior musical y escénico para dos brillantes directores escénicos de hoy.
La propuesta revisionista de Robert Carsen, director canadiense caracterizado por imprimirle una estética superlativa a sus atrevidas puestas en escena, provoca, atrapa, rechaza y fascina. Carsen presenta al trovador medieval como un atormentado pintor de nuestra época debatiéndose entre su vida profesional y personal. El resultado puede objetarse pero muestra una original vuelta de tuerca.
Controvertida desde su estreno, Tannhäuser se centra en un triángulo conformado por el protagonista, Elisabeth (lo virginal y sagrado) y la diosa Venus (lo carnal y profano). Según Carsen, el Venusberg es el estudio del pintor y Venus, su modelo. Poseído por la inspiración pintará en plena bacanal una obra que el público nunca ve ni verá, sólo el marco del bastidor. A partir de allí, el eterno tema de El pintor y la modelo cobrará diferentes significados y formas hasta su apoteosis final en esta alegoría sobre el rol del artista en la sociedad occidental.
Carsen elimina las referencias religiosas, los trovadores son sus colegas pintores y el torneo del segundo acto es una inauguración en el museo (Wartburg) del padre de la joven Elisabeth. En el tercer acto su visión se complica y pierde fuerza, Elisabeth toma el lugar de la modelo para luego complementarse con Venus y emerger como una misma mujer. En el final, un espectacular golpe teatral borra toda inconsistencia: el artista triunfa, quienes lo rechazaron lo aclaman y su obra es entronizada en el museo junto a otros desnudos célebres de Rousseau, Courbet, Manet, Klimt, Picasso, Monet, otra vez , El pintor y la modelo. Es una conclusión impactante donde la austera escenografía de Paul Steinberg, apoyada en las soberbias luces de Peter van Praet y del mismo Carsen, halla feliz remate y lógica.
En lo musical, domina el Tannhäuser de Peter Seiffert. Mas allá de algún vibrato amplio que compensa con timbre poderoso y esmaltado; da placer su seguridad y musicalidad en un papel agotador que ha derrotado a la mayoría de los colegas de su cuerda. Con parecidos pros y contras, Petra María Schnitzer hace de esta Elisabeth uno de los mejores trabajos de su carrera mientras la mezzosoprano Beatriz Uria Monzón es una Venus de bella estampa y sobrados medios, aunque exigidos en el registro agudo.
Excelentes Markus Eiche (Wolfram) y Günther Groissböck (Landgraf) secundados por un destacado elenco y el excepcional coro del Liceo barcelonés, teatro con ilustre tradición wagneriana. En el podio, Sebastian Weigle lidera una lectura eficaz pese a alguna curiosa falta de sincronización con el coro en los tramos finales (UNITEL CLASSICA C MAJOR 709308).
Por su paralelismo y contemporaneidad, la verdadera rival de Carsen (2008) es la escenificada al año siguiente por Kasper Holten en la Opera Real Danesa, que vuelve a colocar el conflicto artístico sobre el tapete -en este caso misión artística y las obligaciones de marido y padre- mostrando a Tannhäuser como un escritor que se consagra póstumamente con su obra El relato de Roma.
De la puesta del nuevo director del Covent Garden cautiva su complejo enfoque á la Ibsen enmarcado por la escenografía de Mia Stensgaard. Ambientada a fines del siglo XIX, sus severos halls y escaleras recuerdan los laberintos sin solución de Escher y sugieren que ese ámbito es la impredecible mente del protagonista.
Las huestes de la ópera danesa convencen como un ensemble sólido aunque algo veterano en los protagónicos, incluso el soberbio Landgraf del siempre confiable Stephen Milling acusa excesivo vibrato. A los 60 años, Stig Andersen aún puede con la implacable tesitura del rol titular mientras la notable Tina Kiberg compone una Elisabeth impecable en la actuación pese al evidente deterioro vocal. Tanto Susanne Resmark como el finés Tommi Hakal cumplen como Venus y Wolfram. De alto nivel el coro y orquesta de la casa real bajo la fluida dirección de Friedmann Layer.
Los close-ups cinematográficos al estilo Dogma permiten apreciar con minucioso detalle el rico tratamiento teatral de la lectura de Holten, una que no puede ni debe pasar desapercibida y que junto a la de Carsen, muestran dos puntos de vista osados y convergentes, tan valiosos como respetables (DECCA, 0743390).•


























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