Jeni Vázquez había tomado la decisión desde antes de su embarazo de que quería tener a su segundo hijo por parto vaginal. El primero había sido por cesárea en el 2007.
“Yo estaba bien y el bebé estaba saludable”, recuerda Vázquez. “Pero según pasaba el tiempo, sentía que me habían robado el derecho de tener un parto vaginal”.
De manera que habló con el médico para ver si podía tener un parto vaginal después de una cesárea o PVDC.
Durante décadas haber tenido una cesárea suponía que los próximos partos sería por ese método. Pero eso empezó a cambiar para la década de los años 80.
Utilizando el razonamiento de que el tiempo de recuperación sería más rápido, los obstetras comenzaron a fomentar los partos vaginales para algunas mujeres que previamente habían parido con cesárea.
De acuerdo al Congreso Americano de Obstetras y Ginecólogos, la tendencia hacia los PVDC fue ganando terreno hasta 1996, cuando uno de cada cuatro bebés en la nación nacían por cesárea. Pero el número comenzó a bajar en los años siguientes.
Una de las razones fue la preocupación que tenían las pacientes de la ruptura uterina. Sin embargo, la ruptura uterina amenaza la vida de la madre o del bebé en menos de un uno por ciento de los PVDC.
Los hospitales comenzaron a preocuparse también por el riesgo. En el 2009, una encuesta del Congreso Americano de Obstetras y Ginecólogos encontró que uno de cada tres obstetras había dejado de realizar PVDC por esa misma razón.
“Se habían ganado varias demandas significativas de negligencia médica”, recuerda el Dr. Nigel Spier, obstetra en el Memorial Regional Hospital y el Memorial Hospital West. “Dado el ambiente de litigio, particularmente en la Florida, muchos médicos comenzaron a alejarse de este método”.
Los médicos creen que, actualmente, la tasa de PVDC es menor del 10 por ciento.
Pero el apoyo por esa práctica puede estar aumentando de nuevo.
En el 2010 los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en ingles) concluyeron que el PVDC es una “opción razonable” para muchas mujeres embarazadas.
Para ese mismo año, el Congreso Americano de Obstetras y Ginecólogos publicó unas guías menos restrictivas para el PVDC. La organización profesional declaró que el PVDC era “una alternativa segura y apropiada para la mayoría de las mujeres que habían tenido un parto previo por cesárea”, incluyendo a algunas mujeres que habían tenido dos cesáreas previas.
“Las mujeres tienen más opciones porque se ha comenzado a mirar nuevamente el PVDC”, dice el Dr. Dibe Martin, especialista en medicina materno-fetal y subdirector de obstetricia y ginecología en la Escuela de Medicina Herbert Wertheim de la Universidad Internacional de Florida. “Desafortunadamente, no es para todo el mundo. Tenemos que ser cuidadosos y asegurarnos que no estamos recomendándolo por recomendarlo”.
Los médicos dicen que un 80 por ciento de las mujeres que han tenido cesarea son candidatas para el PVDC.
De esas candidatas, tres cuartas partes podrán parir vaginalmente.






























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