Durante muchos años la única opción de tratamiento para pacientes con síntomas graves era una histerectomía o extirpación quirúrgica del útero, lo cual privaba a las pacientes de la posibilidad de tener hijos en el futuro. Pero en 1931, el Dr. Víctor Bonney desarrolló un procedimiento para remover quirúrgicamente los fibromas uterinos y preservar la cerviz y el útero. El procedimiento, denominado Miomectomía abdominal, todavía es considerado como el procedimiento estándard para el tratamiento de estos tumores.
La miomectomía abdominal implica “hacer una incisión en el vientre, de arriba a abajo o al estilo bikini, dependiendo del tamaño del útero, para después remover cada uno de los tumores y suturar el área donde estaban”, explica el Dr. Zimberg. Es una operación tediosa y exigente. “Sacar un órgano, sacar un ovario es relativamente fácil”, resalta el especialista. “Es mucho más difícil arreglar algo, dejar el órgano intacto o hacerlo de nuevo todo es mucho más difícil”.
La introducción de la miomectomía laparoscópica, en 1979, revolucionó la manera de realizar estas operaciones, reduciendo dramáticamente el tiempo de recuperación y las probabilidades de hemorragia durante el procedimiento. Mientras que la operación tradicional requiere de dos a tres días de hospitalización y de cuatro a seis semanas de recuperación, las pacientes con el procedimiento laparoscópico -donde se insertan una micro cámara y dos instrumentos quirúrgicos a través de catéteres- sólo necesitan un día de hospitalización y de una a cuatro semanas antes de retomar su nivel de vida normal.
Sin embargo, la cirugía laroscópica no está recomendada para todos los casos. “Si los fibromas son muy grandes, no hay espacio suficiente para los instrumentos y la cámara telescópica y hay que hacer una cirugía abierta”, explica el Dr. Zimberg, autor de un estudio reciente publicado por el Colegio Americano de Ginecólogos y Obstetras comparando los resultados de miomectomías hechas de la manera tradicional con aquellas realizadas a través de laparoscopía y cirugía robótica. “Con laparoscopía podíamos tratar solamente casos con tamaño de hasta seis meses de embarazo”, precisó.
Por su parte, el Dr. Pérez indica que “es muy difícil hacer los puntos de sutura necesarios con la laparoscopia y eso hacía que muchos doctores evitaran el procedimiento”, ya que esta dificultad afecta la cicatrización y aumenta a uno por ciento el riesgo de desgarres uterinos en pacientes que han tenido una miomectomía laparoscópica.
La introducción de la cirugía robótica busca precisamente solventar las áreas más problemáticas de la laparoscopía dándole mayor rango de acción al cirujano. Los materiales se introducen utilizando las mismas tres incisiones que se utilizan en la cirugía laparoscópica y una vez dentro del útero, se conectan a un panel de control ubicado dentro de la sala de operación.
“Tu metes las manos dentro de la consola y es como si las tuvieras dentro del paciente”, ya que el robot imita todos los movimientos y “puedes ver todo en tercera dimensión”, explica el Zimberg, quien precisa que “los robots tienen muñecas y no hay ningún otro instrumento quirúrgico que te permita hacer círculos con las manos, los puedes usar de la misma manera en que usas las manos” para separar los tumores del útero y hacer las suturas necesarias. “Puedes hacer puntos de sutura preciosos con el robot”, agrega.
Por su parte, el Pérez indica que “los fibromas grandes son difíciles. Necesitas ser capaz de mover el útero de un lado al otro y el robot te lo permite, haciendo mucho más fácil el procedimiento”, particularmente en casos de mujeres con anatomías complicadas o fuera de la norma. El especialista del South Miami Hospital resalta también que la cirugía robótica cuenta con mejores instrumentos para cauterizar en caso de sangramientos.
“Desde el punto de vista del paciente no hay ninguna contraindicación para la cirugía robótica”, indica el Pérez. “Cualquier procedimiento que haga que los pacientes entren y salgan del hospital rápidamente, casi como si fuera una operación ambulatoria, es el camino a seguir” porque disminuye dramáticamente la posibilidad de infecciones.
“Los que están en desventaja en este caso son los hospitales y los doctores porque esta tecnología es cara”, explica Pérez, quien admite que, si bien no es común encontrar centros de cirugía robótica, hoy en día las ventajas son tales que espera que proliferen en en futuro. “A medida que hacemos más operaciones la tecnología se hace más accesible”.
Para Zimberg, la mejor medida del éxito es la rapidez con que sus pacientes se recuperan y la tasa de mujeres que pueden tener hijos después de este tipo de cirugía. “La robótica nos permite tomar muchos más casos con mejores resultados y esta es una muy buena noticia para nuestros pacientes”.






























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