Obsesión caníbal. Los medios locales se han dado banquete con el caníbal devorador de caras desamparadas. Se alimentan de la misma morbosidad subnormal que exhibe la prensa nacional ante barbaridades emparentadas, las cuales coinciden más o menos con el crimen miamense: el estudiante en Maryland que asesina a su compañero de cuarto y luego se come trozos de su corazón y su cerebro; el actor canadiense de cine porno que desmembra a un chino y se deja filmar degustando la carne de su víctima. Tenemos al sueco acusado de comerse los labios de su esposa y la señora tejana que, tras apuñalar a su hijo pequeño, saborea parte del cerebro, los dedos del pie y la nariz del niño.
¿Y por qué no agregar también a la lista de caníbales notorios “publicitados” en estos días a Charles Taylor, ex dictador de Liberia, condenado hace poco por el Tribunal Especial para Sierra Leona a cincuenta años de cárcel por varios crímenes de guerra que no incluyen los banquetes que Taylor se daba con los hígados y corazones de sus enemigos?
No nos enfrentamos a una epidemia mundial de canibalismo sino a otra epidemia de la ramplonería amarillista que le consume el cerebro a muchos directores de medios de comunicación.
¿Una estrategia para Siria?
Coincido por primera vez con Kofi Annan. El ex secretario general de Naciones Unidas le advierte a la Asamblea Nacional de la ONU que hace falta “una nueva estrategia para Siria”. (¿De verdad creía el diplomático africano que Bashar al-Assad iba a poner en práctica el plan de paz ideado por Annan?) Al menos Annan no adopta el tono omnisapiente de quienes le exigen a Estados Unidos una rápida intervención militar en Siria. Aborrezco al régimen sirio tanto como los partidarios más apasionados de lanzar sin demora la fuerza aérea, la Sexta Flota y los Marines contra al-Assad. Pero no comparto su certidumbre inexpugnable. Por regla general, acaban de descubrir la existencia de una dictadura atroz aliada a Irán que extermina a sus adversarios indefensos.
Abogar ciegamente por la acción militar estadounidense sin sopesar las consecuencias, sin contar con una estrategia coherente para la Siria pos-Al-Assad es una cómoda postura emotiva. Entre los defensores de la intervención tal vez satisface su necesidad de hacernos saber que sí saben cómo actuar contra el mal, y que lo único importante para Estados Unidos es poner fin a un régimen perpetrador de masacres, aunque lo sustituya un gobierno de fanáticos sectarios infiltrado por Al Qaida y la Hermandad Musulmana.
Los cuervos del Vaticano
El mayordomo del Papa Benedicto XVI no es el primer “cuervo” detenido en el Vaticano. Otro Benedicto, el XV, albergó un espía alemán en su familia pontificia. Rudolf von Gerlach intentó manipular la política papal con el propósito de lograr que el Vaticano abandonara su neutralidad durante la primera guerra mundial. Acusado de traición, von Gerlach fue condenado a cadena perpetua.
El mayordomo recibirá un trato más misericordioso. Al parecer, tiene varios cómplices cuyas filtraciones, si son veraces, retratan un pontífice endeble, incapaz de domeñar las facciones en su corte. Según los documentos publicados la semana pasada por el diario La Repubblica, una facción busca la destitución del cardenal Tarcisio Bertone, el secretario de Estado, acusado de corrupción y abusos de poder. Por ejemplo, de ordenar al jefe del banco del Vaticano a que comprara un hospital milanés en bancarrota fundado por un íntimo de Berlusconi. El jefe del banco, Ettore Gotti Tedeschi, analizó los libros del hospital, descubrió deudas de casi dos mil millones de dólares y se negó a cumplir las órdenes del cardenal. En represalia Bertone destituyó a Gotti Tedeschi.
Para el Vaticano el verdadero culpable no es el mayordomo (ni Bertone), sino el periodista Gianluigi Nuzzi, autor de “Su Santidad”, una colección de documentos producidos por este Vatileaks, y el anterior “Vaticano S.A.”, la vivisección de presuntos delitos financieros cometidos por funcionarios papales. Culpar a la prensa: De esa forma el Vaticano reacciona como cualquier gobierno en crisis cuyas intrigas e irregularidades salen a la luz pública. En Roma los cuervos son vistos como ladrones. En la mitología de los vikingos dos cuervos viven eternamente posados sobre los hombros del dios Odín. Lo mantienen informado a fin de evitar que el dios falible cometa errores.




























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