A estas alturas, casi todos los ciudadanos adoptivos ya hemos decidido qué hacer con nuestro voto el próximo noviembre. Es normal que casi todos nos basemos en nuestras propias mini encuestas con nuestros amigos, conocidos, vecinos, en lo que leemos y en lo que oímos en las filas del mercado o de la otra persona que está al lado nuestro en la cafetería. Ese es nuestro entorno de información y según el resultado de mi propia mini encuesta, no tengo preferencia por ningún candidato. Y según observo y escucho, la gran mayoría de los hispanos tampoco tienen una preferencia.
Es bien claro que los anglos más conservadores ya tienen un candidato de su simpatía y los afroamericanos el suyo. Sin embargo, por cualquier lado que los hispanos marquemos en la boleta de votación, por Obama o Romney, no vamos a ganar nada y lo que visualizamos es promesa de mucho palo para nuestra etnia hispana. Nos están preparando como al tambor, para darnos palos con la diestra y la siniestra.
Por mucha demagogia que ejerzan los dos candidatos no va a ver una respuesta de simpatía de parte de los hispanos a ninguno de ellos, aunque el que tiene una opción es Obama, sólo si se decidiera a proteger en forma ejecutiva a los muchachos que podrían beneficiarse con el Dream Act. Sólo ese pequeño gesto de buena voluntad y justicia haría inclinar la balanza a favor de Obama. Y no hablo de jugada política, hablo de justicia.
Edgar Espinosa
Hialeah Gardens





























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