Una de las paradas obligadas de los autobuses llenos de turistas deseosos de descubrir los rincones de la Pequeña Habana es Azúcar, una tienda de helados, con pisos de réplicas de mosaico cubano y olor a conos de waffle recién hechos.
Vienen turistas de Latinoamerica, Centroamérica, China al igual que del norte del país, dice Suzy Batlle, propietaria de esta tienda de helados artesanales con sabor a trópico.
También cuenta entre sus clientes a los asiduos al Teatro Tower así como con residentes del vecindario que no resisten la tentación de entrar a elegir uno de los cerca de 40 sabores de Azúcar : guayaba y queso crema, plátano maduro, café con leche o mantecado. A la lista se suman albahaca con limón, aguacate del sur de la Florida, Bellini (champán y durazno) y la sangría. Otros llevan nombres como Elvis, de banana y mantequilla de maní, o el Willy Cherrino, con cerezas.
Es un vecindario de lleno energía y vida, dice Batlle, quien se abastece de gran parte de los ingredientes para sus helados en el vecindario.
El mamey es de la frutería Los Pinareños y los plátanos maduros son preparados en la tienda Nuevo Siglo.
Un señor me trae la albahaca de su patio. Tratamos de usar siempre frutas de la estación y vegetales cultivados en la Florida, indica.
Todas las semanas, además, un artista local crea con tizas de colores el dibujo de la semana en una gran pizarra que ocupa una de las paredes de la tienda.
Mi favorito es el Abuela María y el ron con pasas. Me gusta este concepto del helado fresco con sabores de Miami, dice Ramón Flores, cubano de 30 años, quien trabaja como enfermero, y se pasa hasta dos veces por semana por Azúcar.
Enrique Coello, venezolano, de 30 años, director de recursos de una compañía de transporte, lleva la cuenta de sus visitas a Azúcar en una aplicación de su teléfono celular, que le indica las veces ha visitado un lugar.
Ya se suman 21 visitas desde que abrieron el negocio y uno de mis favoritos sigue siendo el Abuela María, me gustan además los sabores latinos, el coco, el mango , dice Coello.
El Abuela María, una receta en honor a la abuela de Batlle, consiste en una mezcla de helado de vainilla con guayaba, queso crema y galletas María.
Después de trabajar durante 20 años como especialista en hipotecas en un banco de Miami, Batlle decidió apostarle al negocio de los helados.
Cuando se puso mal el negocio de bienes raíces empecé a pensar en abrir un negocio en el que participara toda la familia, cuenta Batlle, de 44 años, nacida en Miami.
Entonces recordé los helados que de niños preparábamos con mi abuela. Ella tenía una máquina casera de helados y nos reunía a mis hermanos y mi a preparar alguna receta con alguna fruta fresca que había encontrado en el mercado, agrega.
Su abuela, nacida en Cuba, se casó con un ingeniero de un ingenio azucarero y viajó por diferentes países de Centro y Suramérica.
Las frutas que descubría en todos los lugares en que vivía las volvía helados, dice Batlle, quien tiene cinco hermanos.
Decidí abrir una heladería cubana, pero también inspirada en las culturas diversas del sur de Florida, en nuestro clima cálido subtropical y en la pasión por el sabor latino,dice.
En la creación de Azúcar no todo fueron recuerdos, Batlle decidió especializarse en la ciencia y la tecnología de fabricar helados en Penn States Ice Cream University y luego en el Frozen Dessert Institute de St. Louis.
A estos centros asisten los ejecutivos de las grandes compañías de helados; así que podemos convertir todo lo que deseemos en helado, dice.
Abrió el 29 de julio del 2011, una tarde de viernes cultural.
Esa noche se acabó todo el helado, recuerda. Desde entonces, todos los días se prepara helado.
En Azúcar, ella trabaja con su ahijada Jackie y sus dos hijos Bianca, de 15 y Tomy, de 13.
Al principio yo lo hacía todo, pero ya les enseñé cómo hacer los helados, dice.
La idea es que la gente se lleve la alegría de su niñez en un cono, resume.





























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