Opinión

NICOLAS PEREZ DIAZ-ARGÜELLES: Libertad y tecnología

 

En los años 60, en mi primer viaje a Miami, la frase que más recuerdo de los periodiquitos de la Pequeña Habana fue la de un brillante periodista cubano: “A Fidel Castro la historia lo absolverá, pero lo geografía lo condena”, refiriéndose a que la cercanía entre ambos países aceleraría el derrocamiento del castrismo. Aquello resultó totalmente falso; nuestra cercanía a Estados Unidos ha sido una de las principales causas de que un dictador grosero y errático nos haya desgobernado durante más de medio siglo.

Pero hoy vivimos tiempos de redención en el contrapunteo entre civilización y barbarie. Fracasan grupúsculos que colocan todos los huevos en la canasta del terrorismo. Hoy en lo militar se imponen sobre el poder de fuego y el grueso de los ejércitos la ciencia y la sofisticación, y la médula de las victorias se monitorea desde pequeños grupos de soldados magistralmente entrenados, de gran movilidad, poder de fuego preciso, y sobre todo dueños de exactos datos de inteligencia, como los Navy SEALS, que destruyeron en su madriguera a Osama bin Laden.

Están los drones, pájaros metálicos no tripulados, guiados por un ordenador, armados con misiles teledirigidos. Son capaces de destruir a cualquier enemigo a miles de millas de distancia, con lo que los santuarios son hoy letra muerta. El último enemigo eliminado es Abu Yahia al Bab, y ahora gime esperando turno el portavoz de Al Qaida, Ayman al Wazahiri. Los objetivos los escoge semanalmente el presidente Barack Obama, pero es un error tratar de utilizar esto como una baza de política nacional. El New York Times informó recientemente que la iniciativa de este proyecto quizá surgió durante el gobierno de George W. Bush y al embrión se le dio el nombre clave de Juegos Olímpicos. Y es que en el actual canibalismo entre los partidos Demócrata y Republicano, no terminamos de entender que todos los grandes triunfos de este país, como la carrera espacial, han sido producto no de la confrontación necia y el diálogo de sordos entre burros y elefantes, sino del bipartidismo.

Otro hecho que recuerda el libro 1984 fue el reciente ataque cibernético a las plantas de enriquecimiento de uranio de Irán, desarrollado por Estados Unidos e Israel y que llaman STUXNET, batallas victoriosas limpias de polvo y paja sin un solo soldado caído en combate.

Pero en mi criterio, lo que decidirá el rumbo que tomará la historia en este principio del siglo XXI en cuanto a tecnología son los teléfonos celulares y la Internet. Ellos fueron los propulsores de la Primavera Árabe, del derrocamiento de dictadores como Hosni Mubarak, Muamar El Gadaffi y que hoy tienen en salmuera al sirio Bashar al-Assad y al iraní Mahmud Ahmadineyad.

En cuanto a Cuba, la oposición anticastrista tiene dos propuestas radicalmente distintas para liberar a la isla, y ambas están llenas de buenas intenciones. La primera consiste en que la libertad llegará arrinconando económicamente al régimen, aislándolo, llevándolo al oscurantismo con que se castigó ayer al Khmer Rouge de Pol Pot y hoy a la Corea del Norte del nieto de Kim Il Sung. La otra propone el mayor acercamiento posible entre los cubanos de Miami y los de la isla, cero aislamientos y mucho intercambio, cero estrangulamientos y muchas remesas. Aunque no todo es blanco y negro, los propulsores de la vía de estirar la soga hasta que se rompa han aplaudido el apoyo de Washington al acceso del cubano a los teléfonos celulares. Y recientemente el senador Marco Rubio declaró que el libre acceso a Internet será el fin de los Castro. ¿Por qué todos no nos unimos para buscar las medidas tecnológicas y económicas necesarias para lograr este fin?

A Cuba mi generación no pudo liberarla mediante la violencia, violencia que me enorgullece haberla suscrito porque era por entonces el único camino. Y ahora todo indica que serán el Internet y los teléfonos celulares, la vía pacífica de las Yoani Sánchez y su Generación Y, y la sabia visionaria frase del Papa Juan Pablo II, “que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, las que darán fin a medio siglo de horror y crimen. Lo cual me hace parafrasear con fina ironía lo dicho por aquel periodista exiliado de los 60, porque a Fidel Castro la historia lo podrá absolver, pero está irremisiblemente condenado a desaparecer de la historia, por la bendita levedad de la tecnología que es hoy sinónimo de libertad.

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El Nuevo Herald

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