Precedido por la popularidad de éxitos anteriores, el comediante colombiano Saulo García ha llevado al Teatro Trail su espectáculo Entrada gratis, con dirección de Yoshvani Medina, asistencia de Valentín Álvarez del Campo, y canciones y música compartidas con Tonit.
Vestido de negro, con un atuendo que revela sus intenciones de no dispersar la atención del respetable en detalles superfluos, el actor sostiene la cuerda de la comicidad en un equilibrado medio tono donde no hay espacio para la estridencia. Se adueña del público, con el que interactúa de principio a fin del espectáculo, revelando un innegable talento para improvisar sobre la marcha a partir de un suceso o un comentario inesperado de alguno de sus espectadores, los cuales acaban aceptando, esperando, e incluso exigiendo, ser incluidos en el juego de toma y daca en el que Saulo les involucra.
Una escenografía sencilla -estrado rojo, silla, asterisco y guitarra a su derecha, y una pequeña mesa a su izquierda, con elementos que irán siendo usados a medida que avanza la representación- sirve de marco a Saulo en esta pieza de su autoría, que tiene como hilo conductor el poder de la mentira en la sociedad. En ella engarza subtemas tan diversos como las relaciones entre padres e hijos, el matrimonio, la política, Internet, los velorios en los Estados Unidos, y un largo etcétera.
El texto tiene a su favor el juego feliz con lo absurdo cotidiano que llega a rozar el disparate, el doble sentido y el humor negro, valiéndose de un lenguaje popular que no cae en lo populachero. El momento más logrado es, sin lugar a dudas, la porción bilingüe, dirigida en inglés a “los gringos que no me conocen pero habrán venido al teatro traídos por su pareja latina”, con su deliciosa traducción modificada al español, que el artista sazona con esa picardía sonriente que es casi un sello de latinidad.
Puntos débiles: la parte de los personajes históricos, especialmente aquella que personifica a Isaac Newton, porque cae en la trampa de incitar a la hilaridad echando mano a recursos de baja estofa y no está a la altura de la que se dedica. En cambio el de Thomas Alba Edison es mucho más elaborado y con toques de originalidad. Lo mismo sucede con la “sección” musical, que no tiene precedente ni continuidad dentro del espectáculo y más parece un pretexto para recordar a los presentes que Saulo también canta. Otro dato es que no hay aportes significativos en la mayor parte de los temas que se tocan, y en ese sentido se destaca por todo lo contrario el momento final, un cierre donde el humor se suaviza sin extinguirse, para evocar cómo sería Jesús si volviera a la tierra en esta época, y se lo evoca bailando salsa o acompañado por un grupo de profetas indocumentados.
Hago notar que en ningún momento hemos calificado de monólogo el trabajo escenográfico de Saulo, porque Entrada gratis no lo es. En realidad se trata de un producto artístico que oscila entre el stand up y el monólogo; un pseudomonólogo donde no hay trama central con su correspondiente clímax que conduzca al desenlace, sino una serie de discursos que se suceden unos a otros hasta el punto final… Cuestión esta que, por otra parte, no interesa al público que va a escuchar, disfruta y sale de Entrada gratis con el talante relajado de quien estuvo en el teatro por casi un par de horas y no pudo parar de reír.•




























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