Miami-Dade va en camino de convertirse en una gran metrópolis. Somos ya más de dos millones; por nuestras calles circula más de un millón de vehículos y por nuestro aeropuerto pasan más de 4 millones de personas al año.
Miami Beach es uno de los polos turísticos preferenciales del país.
Pero nuestro sistema de transporte público no está entre los mejores. El terreno pantanoso hace casi imposible la construcción de trenes subterráneos, cuyos costos serían enormes. El Metrorail es muy limitado. El avance de las ciudades hacia los suburbios lo ha dejado muy atrás. Y los expressways no cubren todas las áreas. Los ómnibus siguen demorando 30 o 40 minutos en muchas paradas que aún están sin techo; el sol del mediodía las convierte en sartenes hirviendo.
El famoso impuesto del medio centavo de Alex Penelas, ex alcalde del condado, lo aprobamos por las promesas que nos hicieron de dedicarlo a mejorar el sistema de ómnibus. Pero sus fondos se utilizaron para pagar deudas atrasadas y sus destinos siguen ajenos al sistema de transporte; al menos, a la creación de un sistema público de ómnibus eficiente y adecuado a nuestras necesidades.
La población desea contar con ómnibus para poder dejar los autos en las casas, evitando accidentes, ahorrando gasolina y reduciendo el desgaste del carro. Sería una buena medida para la mayoría, compuesta por trabajadores con escasos y medianos recursos. Y en estos momentos de crisis, la situación se agrava por días.
Si hiciéramos una encuesta preguntando cuál sería nuestra preferencia a la hora de fijar las prioridades, en relación con inversiones en grandes proyectos de enlace con la Playa, el aeropuerto y otros lugares, muchos pedirían la creación de un sistema seguro y confiable de ómnibus urbanos.
Los cubanos recordamos el sistema de transporte público de La Habana, que llegaba a todos los rincones de la ciudad.
Conversando con algunos políticos locales sobre el tema, me dicen que aumentar el servicio de transporte a ese nivel crearía tantos problemas económicos, sindicales y de todo tipo, que resulta impensable hacerlo aquí. No lo creo. Es solo cuestión de que haya inversionistas dispuestos a crear el sistema. Estoy seguro que si se trata de un sistema seguro y confiable, con un buen planeamiento de recorridos, los resultados económicos serían positivos y dejarían buenas ganancias. De seguro veríamos ómnibus repletos de pasajeros, no como ahora, que muchas veces van casi vacíos.
En estos días han puesto a funcionar unos ómnibus pequeños en forma de tranvía, llamándoles trolleys, en la zona de Coral Gables y una ruta hacia el estadio de los Marlins.
Esos tipos de ómnibus, en grandes cantidades, serían ideales para nuestras ciudades. Se ven seguros, ligeros y amplios. No parecen tener una mecánica complicada, como pudieran ser los más grandes.
De aplicarse algo así, bajaría el embotellamiento casi constante del tráfico en las calles. Habría menos accidentes y por ende las primas de seguros serían más bajas.



























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