El martes por la noche, Oney Campiz llamó a su padre para decir que iba a la casa de sus suegros en el suroeste del condado Miami Dade.
Recién había roto con la madre de su hijo, Edelind Subarnaba, con quien había vivido en una casa en Opa-Locka. Tras la separación, Subarnaba se mudó con sus padres en West Miami con el pequeño y dos hijas que tenía de otra relación.
El padre de Campiz, del mismo nombre, afirmó que temía que hubiera algún conflicto entre su hijo, de 34 años, y Subarnaba, de 35, por lo que decidió dirigirse a la casa de sus consuegros para calmar la situación.
Al llegar, encontró una tragedia.
Cerca de las 9:30 p.m., Campiz se quitó la vida después de matar a Martha Kim-Jo, de 59, y Leonardo Díaz, de 55, según las autoridades. Subarnaba y los niños estaban en la casa, ubicada en el 1815 de la calle 70 del suroeste.
El miércoles por la tarde, Campiz padre lloraba en la oficina del taller de su único hijo en Hialeah, rodeado por sus fotos y las de su nieto de unos 2 años.
Vine a este país para estar con mi hijo y ahora me he quedado solo, declaró Campiz, originario de Matanzas, Cuba.
Las autoridades aún no saben qué motivó la tragedia. Aparentemente, Campiz había discutido con sus suegros antes de sacar un arma de fuego, explicó el detective Alvaro Zabaleta, vocero del Departamento de Policía de Miami-Dade.
Martha Valverde, quien alquila una habitación en la parte posterior de la vivienda, escuchó los disparos.
Fue un ruido horrible, no sabía exactamente de qué se trataba, afirmó Valverde, quien se había mudado al lugar hace dos semanas. Al darme cuenta de que eran disparos, me fui a la esquina y llamé a la policía.
Los agentes encontraron a Subarnaba y los tres pequeños parapetados en un cuarto en el fondo de la casa y los rescataron por una de las ventanas. Después, hallaron los tres cadáveres adentro de la casa.
La tragedia conmocionó al vecindario, donde en la mañana del miércoles aún se podían ver las cintas amarillas de la policía alrededor de la casa.
Gustavo Vega, vecino de la casa contigua, dijo que se trataba de una familia respetuosa y amigable. Solía ver a los niños jugando béisbol en el jardín.
Es increíble lo que ha pasado, comentó.
Mientras varios reporteros entrevistaban a los vecinos, Subarnaba volvió a la vivienda, acompañada de un hombre y dos policías. Tras ver que estaba cerrada, abandonaron el lugar sin hablar con la prensa.
En algún momento, una mujer corrió hacia la entrada de la casa, gritando.
Ella es mi mejor amiga, dijo la mujer, quien no quiso ser identificada.
Indicó que había tratado de comunicarse con Subarnaba toda la noche. Estaba preocupada porque ésta le decía que Campiz la amenazaba de muerte.
Es muy celoso y obsesivo, señaló.
Campiz no tenía antecedentes delictivos.
Tanto Campiz como Subarnaba habían estado casados, según récords de la Oficina del Secretario de los Tribunales de Miami Dade. En su página de Facebook, Subarnaba indica que se casaron en el 2005.
En octubre, Campiz compró una casa de cuatro habitaciones y dos baños en un barrio humilde de Opa-Locka. Vecinos aseguraron que una familia cubana se había mudado allí y que estaban arreglando la casa.
Es un señor muy tranquilo, afirmó una vecina. Trabajaba mucho.
Amigos de Campiz no podían concebir lo sucedido.
No hablaba sobre sus problemas personales, declaró Ricardo Andarcio, un amigo. Era una gente muy callada.
Al igual que Campiz, Andarcio es dueño de una compañía de instalación de mármol en un complejo de almacenes en el noroeste de Hialeah. Récords estatales indican que Campiz y Subarnaba habían registrado su negocio juntos en el 2010.
Andarcio amplió que Campiz era un hombre dedicado a su familia, especialmente a su hijo.
Ese niño era la vida de él, comentó. Era un gran padre.
Juan Alvarez, quien trabaja en la zona, aseguró que Campiz dijo que se había separado de Subarnaba hace pocos días. Sin embargo, no conocía los detalles de la separación.
Tenía una vida muy normal, dijo. Supongo que algo cambió de un momento al otro y que se volvió loco.
El reportero de El Nuevo Herald Michael McGuire y la reportera de The Miami Herald Jacqueline Charles contribuyeron a esta información.





























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