Cuando le preguntaron a Ozzie Guillén que tipo de calificación le daría a su equipo, el mánager venezolano utilizó al parecido al sistema utilizado en las escuela: “C-‘’.
En otras palabras, aprobado por los pelos.
Y no puede ser de otra forma para unos Marlins que comenzaron la estancia más larga en casa encaramado en la cima de su división y que este viernes, en el inicio de su visita a Tampa Bay para la continuación de las series interligas, se encuentra a siete juegos del primer lugar debido a un descenso ofensivo que ya afecta otras áreas del juego como la rotación, el bullpen y la defensa.
“Es realmente confuso, porque cuando jugamos bien nos ponemos muy calientes’’, dijo Guillén de un mes de mayo donde los peces establecieron un record de triunfos. “Pero cuando nos enfriamos, nos enfriamos en serio. Este equipo es capaz de jugar mucho mejor. A lo mejor un cambio de escenario y de ciudad nos viene bien y nos despierta’’.
Ojalá, porque los Marlins enfrentarán a los Rays y a los Medias Rojas de manera consecutiva, dos clubes que se impusieron en Miami, aprovechando una baja ofensiva que despierta muchas dudas sobre la capacidad de competir, sobre todo cuando se trata de la pobre producción con hombres en posición anotadora. Ante Tampa Bay, por ejemplo, de 20 hombres en tercera y segunda, sólo dos pisaron la goma.
En las tres series celebradas en el gigante de La Pequeña Habana, los peces fueron superados en la facturación de carreras 56-17. El equipo bateó para .197, y se fue de 63-8 (.127) con jugadores en posición anotadora.
Pero no sólo se trata del bateo. La poca aportación ofensiva va haciendo mella en una rotación a la que no le queda margen para el más mínimo error y un cuerpo de relevistas que, en la estancia en casa vio incrementar su efectividad por encima de 8.00, y hasta presencio un conato de discusión entre Guillén y el taponero Heath Bell en el noveno capítulo de la derrota del miércoles.
Dirigente y taponero intercambiaron palabras fuertes en la lomita cuando Guillén fue a sustituir a Bell con dos outs y dos corredores en base. El primero quería ahorrarle trabajo a su cerrador, y el pitcher deseaba terminar su faena. Ambos coincidieron en que el problema era cosa del pasado, pero lo cierto es que el ambiente de derrota no ayuda para nada a la buena química.
Lo toca ahora a Carlos Zambrano detener la hemorragia. El derecho venezolano trabajó apenas 2.1 entradas en su salida previa debido a rigidez en la espalda. Supuestamente se encuentra bien y listo para actuar contra los Rays, que se encuentran muy molestos tras ser barridos por los Mets.
Así que la llamada Serie del Cítrico será bastante ácida.




























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